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miércoles, 11 de enero de 2017

La Nueva York más irlandesa

Hace algunas semanas hablamos de la inauguración de una calle peatonal ‘Easter Rising Way’, en Nueva York, hoy nos hacemos eco de una entrada de Innisfree que viene a traducir unas reflexiones de Gerry Adams acerca de la presencia irlandesa en dicha ciudad.

La América irlandesa y el Proceso de Paz

Gerry Adams


(…) Esta conexión entre Irlanda y la América irlandesa fue claramente evidente el sábado por la mañana en Nueva York. Bajo un hermoso cielo azul varios cientos de activistas se reunieron para celebrar el centenario del Levantamiento de 1916. La concejala Elizabeth Crawley había propuesto que una calle peatonal en Maspeth, en el Queens Borough, fuera denominada ‘Easter Rising Way’. Fue una gran iniciativa y el Ayuntamiento de Nueva York la aprobó. La sucesión de oradores nos recordó que la América irlandesa ha sido una parte integral de la historia de Irlanda y de la lucha por la libertad durante cientos de años.

Maspeth es una comunidad irlandesa muy fuerte. Está a unos cientos de metros del cementerio Calvary donde se encuentra el Monumento Feniano erigido por la Hermandad Republicana Irlandesa en 1907 en recuerdo de los Fenianos de 1865-67. También está cerca de Celtic Park, que en los años que condujeron al Levantamiento de Pascua de 1916 fue un importante lugar de recaudación de fondos para la IRB y Clan na Gael. En la década anterior al Levantamiento, al menos ocho de los líderes de 1916 pasaron algún tiempo en esa gran ciudad, así como recorriendo los Estados Unidos. Tanto Thomas Clarke como James Connolly habían hecho aquí sus vidas durante un tiempo y otros, incluyendo a Joseph Plunkett y Roger Casement, recorrieron los Estados Unidos buscando apoyo para la lucha.

Nueva York fue también la ciudad de los irlandeses de la hambruna que huyeron a los Estados Unidos por cientos de miles para escapar del hambre y la persecución bajo el dominio británico. Pero antes de ellos fue también el hogar de algunos de los que lucharon en la Rebelión de 1798. Recuerdo que en una de mis primeras visitas a Nueva York fui guiado por Brian McCabe al cementerio de St Mark’s-in-the-Bowery en el East Village para visitar la tumba de Thomas Addis Emmet. Thomas Addis era el hermano de Robert Emmet y uno de los líderes de 1798. Después de huir a Nueva York, practicó el Derecho y durante un tiempo fue Fiscal General del Estado de Nueva York.

Clann na Gael y Fenianos como O’Donovan Rossa y John Devoy recaudaron dinero y armas para la causa. Gran parte en Nueva York. Y cuando O’Donovan Rossa murió, fue Tom Clarke quien pidió que sus restos fueran devueltos a Dublín, donde la oración agitada de Padraig Pearse en su tumba en 1915 prefiguró el Levantamiento de 1916.

Al año siguiente, cuando Pearse y otros fueron a escribir la Proclamación, elogiaron explícitamente el papel de los irlandeses en América. La Proclamación afirma: «Habiendo perfeccionado pacientemente su disciplina, habiendo resueltamente esperado el momento para rebelarse, asume este momento, y, sostenida por sus hijos exiliados en Norte América, por valientes aliados en Europa, mas confiando en principio en su propia fuerza, se levanta con plena confianza en la victoria».

Más tarde, en la fase más reciente de la lucha, grupos como Noraid, Clann na Gael, la Antigua Orden de los Hibernianos, la Irish American Unity Conference y la Brehon Law Society apoyaron a las comunidades oprimidas del Norte [de Irlanda].

Pero fue con el proceso de paz cuando la América irlandesa realmente tuvo un impacto en la política estadounidense hacia Irlanda. En un momento en que los británicos afirmaban que la cuestión del Norte era una “cuestión interna” para ellos, fue la América irlandesa la que persuadió a los políticos estadounidenses a intervenir. La América irlandesa fue el conductor que puso a Irlanda y al proceso de paz irlandés en la agenda de sucesivos presidentes de Estados Unidos y lo mantuvo allí. La América irlandesa persuadió a los líderes políticos del Congreso a tomar riesgos para la paz cuando no era popular.

Necesitamos que los irlandeses continúen con ese trabajo. Lo necesitamos especialmente en esta coyuntura crítica para involucrar a su nuevo presidente y congresistas y senadores, y persuadirlos de que mantengan el rumbo del proceso de paz irlandés.