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domingo, 5 de julio de 2026

A medio camino entre la cárcel y la fábrica: el caso de las Lavanderías Magdalena en Irlanda

Después de la independencia de Irlanda, conquistada hace un siglo, hubo un tiempo en el que las “Magdalene Laundries” (Lavanderías Magdalena) fueron muy conocidas. Su creación es un ejemplo de lo que Marx explica en la acumulación originaria de capital: una mezcla de fábrica y cárcel a partes iguales.

Ahora un libro de Louise Brangan, “The fallen” (“Las caídas”), recuerda aquella historia terrorífica (*). Lo más característico de este tipo de centros era que la fuerza de trabajo la componían niñas y mujeres que trabajaban en condiciones de semiesclavitud, como corresponde a las instituciones correccionales.

Los internados tenían paredes altas, cerraduras en las puertas, barrotes en las ventanas y a las reclusas no se les permitía salir. Los carceleros eran las monjas. Este tipo de correccionales existieron hasta 1996 y la autora grabó muchas entrevistas con supervivientes y Brangan describe sus vidas concentrándose en seis mujeres con detalle.

Las mujeres podían “caer” en las redes penitenciarias por los más diversos motivos, desde el embarazo hasta la orfandad, pasando por la prostitución, las enfermedades mentales y la necesidad de ocultar los orígenes “ilegítimos” de ciertos nacimientos.

En Irlanda “caían” las mujeres que destrozaban el ideal católico de feminidad al “tener gustos extranjeros y carecer de fibra moral”. A partir de 1922, 10.000 mujeres al menos fueron encarceladas en las lavanderías, que fueron dirigidas por cuatro órdenes de monjas católicas. Estas mujeres realizaron trabajos de lavandería pesados y a menudo peligrosos sin paga y fueron objeto de toda clase de abusos.

Este tipo de internados eran mucho peores que la prisión. A las mujeres les privaron de su identidad, les cambiaron el nombre, incluso les llamaban por un número, y les cortaron el pelo.

Sus vidas fueron constantemente supervisadas por las monjas católicas que las llevaron en una oración interminable durante toda la jornada laboral. No se podían hacer amistades, no se les permitía hablar, no les permitían relojes ni tiempo libre, excepto un paseo silencioso por el patio antes de acostarse. Los domingos eran para tejer y orar. Incluso los muebles en el refectorio y el dormitorio fueron diseñados para evitar el contacto visual.

La mayoría de las supervivientes terminaron empobrecidas y con problemas de salud, tanto mentales como físicos, como resultado de su reclusión.

Fosas comunes en los monasterios

En 1993 una orden religiosa de monjas católicas, las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad, decidió vender una parcela de tierra en su convento de High Park, en Dublín. No era un convento cualquiera. Había sido una de las Lavanderías Magdalena más grande de Irlanda.

El sitio contenía una gran tumba y 133 cuerpos debían ser exhumados. Sin embargo, sólo había 75 certificados de defunción. Algunos de los cuerpos no tenían nombre, y se desconocen sus causas de muerte.

Cuando comenzó la exhumación, los problemas continuaron aumentando, al igual que el recuento de cuerpos. Parecía que en lugar de 133 cuerpos, en realidad había 155 cadáveres. Fueron desenterrados e incinerados para que sus identidades siguieran siendo desconocidas.

El gobierno no se disculpó hasta 2013 de una manera mezquina y las monjas fueron exoneradas de cualquier clase de responsabilidad. Se pidió a las órdenes católicas que habían dirigido las lavanderías que se suscribieran al esquema de compensación gubernamental para las mujeres. Se negaron, diciendo que habían actuado de buena fe al proporcionar un refugio, trabajo y redención a las mujeres “caídas”.

Es lo que los carceleros llaman “redención de penas por el trabajo” que los presos conocen muy bien.

(*) https://www.theguardian.com/books/2026/apr/15/the-fallen-by-louise-brangan-review-an-enraging-account-of-irelands-magdalene-laundries

Entrada original de mpr21. 

jueves, 21 de mayo de 2026

El Tratado de Dingle

El Tratado de Dingle fue un acuerdo firmado en Dingle, Irlanda, el 28 de abril de 1529 entre James Fitzgerald, XI Conde de Desmond y Gonzalo Fernández de Córdoba, enviado de Carlos V, Rey de España. Fernández de Córdoba era hijo de El Gran Capitán y sirvió a Carlos V como su capellán personal y confidente.

El Tratado formalizó la relación entre Irlanda y España, incorporando la mayor parte del suroeste de Irlanda a la Monarquía Hispánica, y concediendo a los irlandeses la ciudadanía en los dominios del monarca, incluyendo España, partes de Italia, Países Bajos, y los recién descubiertos territorios del Nuevo Mundo que se denominarían como Virreinato de Nueva España, entre otros.

El Tratado de Dingle estableció los siguientes puntos principales:

    Incorporación de la mayor parte del suroeste de Irlanda a la esfera de influencia de la Monarquía Hispánica.
    Concesión al pueblo irlandés la ciudadanía en los territorios del Imperio Español, incluyendo España, los Países Bajos, Franco Condado, Reino de Nápoles, Ducado de Milán, Virreinato de Nueva España, etc., otorgando así a los irlandeses los mismos derechos que a los españoles en los territorios bajo dominio de Carlos V.

La copia del Tratado de Dingle perteneciente a Carlos V se encuentra en la Biblioteca Real de Bélgica en Bruselas, y fragmentos de la copia del Conde de Desmond están en la Biblioteca Británica en Londres.

El Tratado de Dingle representó un momento significativo en las relaciones entre Irlanda y España. Sentó las bases para una futura colaboración de los irlandeses en diversos asuntos relacionados con los intereses hispánicos.

Posteriormente, en 1554, el matrimonio de Felipe, Príncipe de Asturias con María I de Inglaterra tuvo implicaciones para Irlanda. Felipe fue nombrado Rey titular de Inglaterra e Irlanda *iure uxoris*. Como resultado de esta unión, lo que hoy es el Condado de Offaly fue nombrado "Condado del Rey" (King's County), y la localidad de Daingean fue renombrada como Philipstown en honor a quien se convertiría en Felipe II.

Los privilegios hacia los súbditos irlandeses fueron renovados en varias ocasiones por Felipe V y sucesivos reyes españoles. Poco después de su ascenso al trono, Felipe V reconfirmó y extendió los privilegios de los irlandeses en sus reinos.

Con algunas notables excepciones que se unieron a la causa del Archiduque Carlos de Austria, la mayoría de las familias irlandesas de Dingle que se habían integrado profundamente en la nobleza española durante el siglo XVII, apoyaron la sucesión de Felipe V. Desde la firma del tratado los posteriores emigrantes irlandeses reclamaron en numerosas ocasiones sus disposiciones, para conseguir una considerable ventaja socioeconómica y política en diversos territorios del Imperio Español.

En 2009, la Embajadora de España en Irlanda, Mercedes Rico, visitó la ciudad de Dingle por invitación de la Sociedad Histórica de Dingle para inaugurar una placa conmemorativa que marcaba el 480 aniversario de la firma del Tratado de Dingle.

En su discurso, la embajadora expresó su alegría por estar presente y agradeció a la Sociedad Histórica de Dingle la invitación.

    "La solemnidad de este acto se ha visto enriquecida por la maravillosa marcha musical de la banda de gaitas y tambores de Dingle, y agradezco enormemente el honor que me han concedido con el desfile de esta tarde. En abril de 1529, sus antepasados dieron la bienvenida al primer enviado diplomático oficial de España a Irlanda. Cuando se le pidió a Don Fernández que viniera a Dingle, solicitó 120 ducados para cubrir sus gastos de viaje, pero recibió cuatro veces esa cantidad. ¡Cómo han cambiado los tiempos!", dijo entre risas. 

Referencias:

    D. M. Downey, “Irish-European integration: The legacy of Emperor Charles V” in H. Clarke,H. & J. Devlin (Eds.), Ireland & Europe. Essays in Memory of Albert Lovett, Dublin, 2003, pp. 97-117;
    Recio Morales, “Irlanda en la estrategia general de los Austrias madrileños, 1529-1700”;
    D. M. Downey & J. Crespo MacLennan (Eds.), Spanish-Irish Relations through the ages, Dublin, 2008, pp. 17-48
    St James’s Church and graveyard, Dingle, Co Kerry The Heritage Council
    The Treaty of Dingle remembered - Irish Independent    Hispanopedia.

martes, 28 de abril de 2026

Pedofilia y guerra sucia contra el movimiento independentista irlandés

Pedofilia y guerra sucia contra el movimiento independentista irlandés

Por Juan Manuel Olarieta

El caso de Epstein no es una excepción sino un método de funcionamiento típico de las centrales de espionaje desde hace un siglo. En 1980 se destapó en Belfast, la capital de Irlanda del norte, uno característico de esos “escándalos”, que fue convenientemente tapado como si se tratara de violaciones de menores cometidas en un internado para niños. Es el caso Kincora. “Lo que hace que Kincora sea notable es que los servicios de espionaje británicos participaron en el abuso continuado de niños para asegurar la inteligencia”, dice el Daly Telegraph (1).

Eran los tiempos de la “guerra sucia” en el norte de Irlanda, que los unionistas llaman “Ulster”, contra el movimiento independentista y las centrales de espionaje convirtieron el internado de Kincora en un centro de tortura infantil dirigido por pedófilos, entre ellos sus propios agentes y colaboradores.

El MI5 (dependiente del Ministerio del Interior) y el MI6 (del Ministerio de Asuntos Exteriore) crearon un cebo en el internado infantil para comprometer y chantajear a determinadas figuras políticas de relieve. El internado proporcionó un manera de reclutar y comprometer a numerosas personas en la “guerra sucia” contra los independentistas irlandeses, a costa de las violaciones de los niños.

En mayo del año pasado, el periodista Chris Moore publicó un relato del caso titulado “Kincora: la vergüenza de Gran Bretaña” (2). Como cabía esperar, sus revelaciones han sido recibidas con un silencio sepulcral en los medios de comunicación británicos.

Kincora formaba parte de una red de pedofilia que se extendía por varios internados infantiles de Irlanda del norte. Uno de los que frecuentaban aquel lugar era Lord Mountbatten, primo de la reina Isabel II y virrey de la India, ejecutado en 1979 por la organización irlandesa IRA.

La pedofilia de Mountbatten era ampliamente conocida. Como ocurre en estos casos, todos los sabían y todos se callaban. Ya en la Segunda Guerra Mundial, el FBI identificó a Mountbatten como “un homosexual con perversión por los niños pequeños”. Cuando el historiador británico Andrew Lownie quiso acceder a los archivos del FBI sobre Mountbatten, le dijeron que habían sido destruidos. Un funcionario del FBI le confesó que se eliminaron después de que los pidiera.
La casa de los horrores

El internado se abrió en 1958 y desde el principio los niños denunciaron que las violaciones eran rutinarias. Durante las décadas siguientes el albergue fue inspeccionado repetidamente por la policía en respuesta a las acusaciones. Acabaron siempre en la papelera.

Las denuncias aumentaron en 1971, cuando un destacado espía del MI6, William McGrath, fue nombrado tutor del centro. Las niños describieron que habían sido violados sádicamente por McGrath hasta el punto de sufrir hemorragias internas.

Uno de los niños, Stephen Waring, no pudo soportar más la brutalidad y el horror, y se suicidó en 1977 saltando al mar durante un viaje en el ferry entre Belfast y Liverpool.

Tanto McGrath como el director del centro, Joe Mains, llevaban a los niños por los bares y hoteles, donde eran alquilados a los huéspedes (3). McGrath era un personaje bien conectado en la Irlanda ocupada, con profundos vínculos con los políticos unionistas y las bandas paramilitares unionistas, como la Orden de Orange. Incluso McGrath encabezó su propia banda de pistoleros, Tara, al servicio del ejército británico.

McGrath se jactaba de su trabajo con la inteligencia británica. Una fuente policial le confirmó a Moore que trabajaba para el MI6 desde finales de la década de los cincuenta. Todo lo que hacía era conocido por la inteligencia británica.

Uno de los habituales de Kincora era Maurice Oldfield, máximo dirigente del MI6 en Irlanda del norte durante la década de los setenta. Era un veterano espía de la Guerra Fría. Poco antes de su muerte en 1981, el MI5 llevó a cabo una larga investigación sobre sus actividades en Oriente Medio e Irlanda del norte.

La central de espionaje reunió cuatro voluminosas carpetas que documentaban los vínculos de Oldfield con Kincora, su amistad con Mains y su conexión personal con los crímenes que se cometieron en el internado, lo cual era ampliamente conocido por la policía de Irlanda del norte.

El subdirector del MI6, Peter Hayman, fue otro de los pedófilos que violaron a los niños de Kincora. En 1978, durante un registro en su domilio, la policía de Londres descubrió su colección de pornografía infantil. A pesar de ello, en 1981 lo nombraron miembro de la Cámara de los Comunes.

Tres años después le sorprendieron con un niño en unos baños públicos de Londres y fue detenido. Toda su condena consistió en una amonestación.

Los crímenes de Kincora no se destaparon hasta enero de 1980 y, en diciembre del siguiente, año fueron juzgados Mains, McGrath y otros cuatro pedófilos a penas insignificantes.

Durante el juicio la preocupación del espionaje se centró en que nadie difundiera las conexiones de Kincora con el MI5 o el MI6. Era un caso aislado; no se debía generalizar. Los extensos archivos complilados entre de 1980 y 1983 fueron destruidos.

En abril de 2021 la BBC anunció una nueva temporada de documentales para arrojar una nueva luz sobre Irlanda del norte. Entre ellas estaba “The Lost Boys of Belfast”, que contaba la historia de los niños que desaparecieron de Belfast durante la represión del movimiento independentista. Los casos estaban relacionados con la pedofilia en Kincora. Entre los entrevistados se encontraban varios policías que confirmaron que la inteligencia británica había saboteado sistemáticamente sus investigaciones sobre las desapariciones.

Pero la BBC no era más que una sucursal del MI5, que tenía una oficina propia dentro de la cadena (4). En vísperas de la transmisión, el documental fue retirado de la emisión. Era demasiado evidente que el MI5 había participado en la violación de los niños de Kincora. Con otro nombre, el documental se puede ver hoy en YouTube (5).

El silencio no solo alcanza a Kincora sino a toda la “guerra sucia” de las bandas terroristas británicas, legales e ilegales, contra los independentistas irlandeses.

(1) https://www.independent.co.uk/news/uk/crime/the-kincora-scandal-mi5-tried-to-blackmail-belfast-homosexual-says-whistleblower-9644610.html
(2) https://www.irishacademicpress.ie/product/kincora/
(3) https://villagemagazine.ie/kincora-survivor/
(4) https://villagemagazine.ie/kincora-an-orwellian-nightmare-at-the-bbc-by-david-burke/
(5) https://www.youtube.com/watch?v=QAXRIX-Vwss

sábado, 28 de febrero de 2026

sábado, 24 de enero de 2026

La Feria del Libro Radical de Derry celebra su décimo aniversario

Este año se celebra el décimo aniversario de la Feria del Libro Radical de Derry en el Centro Comunitario Pilots Row.

Durante la última década, la Feria del Libro Radical ha desempeñado un papel importante en la agenda política de la ciudad, en pleno Bogside. 

Libros, debates y charlas políticas han atraído al público local, así como a quienes han viajado desde lugares más lejanos para participar en las discusiones o comprar literatura política, ya sea nueva o antigua. 

sábado, 27 de diciembre de 2025

Drogheda, la Gran Hambruna y la Media Luna

Volumen 66, Número 1enero/febrero 2015

In This Issue

La leyenda irlandesa del hambre y el sultán//Texto de Tom Verde 
Imágenes de Robert French/Bridgeman
Drogheda, en Irlanda, se destaca en el comercio marítimo desde fines del siglo XII. Esta fotografía de los muelles del río Boyne fue tomada en 1885, una generación después de la “Gran hambruna irlandesa” de 1847 que duró hasta principios de la década de 1850: si es cierto que tres navíos turcos trajeron alimentos para ayudar durante esa época, es probable que hayan atracado aquí.

Esta es la historia: en 1847, el peor año de la Gran hambruna irlandesa, un médico irlandés que trabajaba para el sultán otomano en Estambul le rogó al soberano que enviara ayuda a sus compatriotas, que morían de hambre. Sus súplicas conmovieron al sultán Abdul Mejid I, que se comprometió a donar 10.000 libras esterlinas. Sin embargo, al enterarse de que la reina Victoria de Inglaterra enviaría solo 2.000 libras esterlinas, el sultán, por caballerosidad diplomática, redujo su donación a 1.000 libras esterlinas. Como estaba determinado a donar más, envió en secreto tres navíos cargados con cereales para que hicieran escala en el puerto de Drogheda, en el condado de Louth, al norte de Dublín. Como gesto de gratitud, la ciudad de Drogheda incorporó la estrella y la media luna turcas en su escudo municipal, un símbolo que perdura hasta el día de hoy y que aparece incluso en las camisetas del club de fútbol Drogheda United.

Ahora bien, como en muchas leyendas irlandesas, una parte de la narración es verdadera, otra parte es leyenda, mientras que algunas otras partes... son puras habladurías.

En 1997, en Dublín, el escultor Rowan Gillespie dedicó su obra “Hambruna” a la memoria de los millones de irlandeses que sufrieron, emigraron o perecieron en esa época. La obra es un recordatorio de los años de mayor desesperación de la nación. 
En 1997, en Dublín, el escultor Rowan Gillespie dedicó su obra “Hambruna” a la memoria de los millones de irlandeses que sufrieron, emigraron o perecieron en esa época. La obra es un recordatorio de los años de mayor desesperación de la nación. 

Como muchos otros gobiernos extranjeros, la corte del Imperio Otomano ciertamente envió ayuda alimentaria a Irlanda en 1847. Y es verdad que el ofrecimiento inicial del sultán fue reducido por cuestiones diplomáticas. También es cierto que muchos ciudadanos extranjeros, incluso al menos un médico irlandés, trabajaban tanto en el Palacio de Topkapi como en la Sublime Puerta (la sede administrativa del gobierno otomano) durante el reinado de Abdul Mejid I, entre 1839 y 1861. Sin embargo, no se sabe con claridad hasta qué punto este hijo de Irlanda influyó en la decisión del sultán de enviar ayuda, si es que realmente influyó. Aún más turbios son los detalles acerca de los navíos y la conexión que tuvieron, si es que la hubo, con el simbolismo de la estrella y la media luna de la ciudad. 

La noticia de una “plaga de carácter inusual” que había arrasado con los campos de papas en la isla británica de Wight llegó a la oficina del botánico de la Universidad de Londres John Lindley en agosto de 1845. Como editor de la Crónica y gaceta de horticultura de Gardner (Gardner’s Chronicle and Horticultural Gazette), Lindley expresó una preocupación cautelosa y solicitó a los lectores que enviaran más información acerca de la plaga. Sin embargo, al avanzar el mes, cuando la catástrofe azotó las cercanías de su casa y dejó “apenas una papa en el mercado de Covent Garden”, tal como observó Lindley, su tono se tornó alarmante: “Una temible enfermedad ha surgido en el cultivo de la papa. En todas partes oímos acerca de la destrucción (...) En cuanto a la cura de esta infección, no existe (...) Una gran calamidad se avecina”.

Los ingleses estaban alarmados, pero eso no era nada en comparación con el pánico del que fue presa Irlanda en el otoño. La enfermedad parecía ser imparable y arrasó con un tercio del cultivo que era prácticamente la única fuente de alimentación de más de 3 millones de personas de clase baja en Irlanda. La causa de la plaga, que Lindley y sus colegas de Dublín desconocían y para la cual buscaron desesperadamente un remedio, era el hongo Phytophthora infestans, que aparecía primero en forma de manchas blancuzcas en las hojas deterioradas de la planta. Las esporas aéreas de la plaga se dispersaron rápidamente, lo que en cuestión de horas transformaba los campos de tubérculos sanos en pilas putrefactas de una masa suave y negruzca, cuya pestilencia era insoportable. El año siguiente fue incluso peor, pues la plaga arrasó con toda la isla. La pérdida de decenas de miles de hectáreas, según registró un anonadado testigo, solo fue “cuestión de una noche”. 

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La excesiva dependencia de la población en la papa agravó la crisis. Las papas eran un cultivo del Nuevo Mundo, introducido por los colonizadores ingleses en Irlanda a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII. En un principio, fueron consideradas una exquisitez propia de la clase alta. Hacia 1800, la variedad irregular y carnosa conocida como la papa “Lumper” (perfecta para el clima frío y húmedo de Irlanda) había reemplazado a la avena como alimento básico en la dieta de los pobres y de la clase trabajadora. Las papas Lumper eran baratas, rendidoras y nutritivas, que al mezclarlas con un poco de leche o mantequilla proporcionaban suficientes carbohidratos, proteínas y minerales para vivir, siempre que se consumiera la cantidad suficiente. En promedio, el hombre irlandés comía 45 papas al día; la mujer, unas 36, mientras que un niño, 15. La papa estaba profundamente arraigada en la economía y el estilo de vida de Irlanda y, tal como rezaba la letra de una canción tradicional popular gaélica, era alabada con adoración como Grá mo chroí (“el amor de mi corazón”).

Parte superior: Placa metálica decorativa de la Drogheda Steam-Packet Company, fundada en 1826. Hacia mediados del siglo, era la empresa marítima más importante de la ciudad. La placa muestra el emblema de media luna y estrella de la ciudad como adorno en cada esquina (aquí con una estrella de seis puntas).
El gran parecido con la media luna y la estrella de la bandera de Turquía, como puede apreciarse en la imagen de arriba, dio lugar a relatos erróneos que, de acuerdo con el historiador de Drogheda Brendan Matthews, comenzaron a circular en la década de 1930. Estos relatos vinculaban el símbolo de la ciudad con la gratitud cívica por la ayuda turca.
Imágenes de Bridgeman
Parte superior: Placa metálica decorativa de la Drogheda Steam-Packet Company, fundada en 1826. Hacia mediados del siglo, era la empresa marítima más importante de la ciudad. La placa muestra el emblema de media luna y estrella de la ciudad como adorno en cada esquina (aquí con una estrella de seis puntas). El gran parecido con la media luna y la estrella de la bandera de Turquía, como puede apreciarse en la imagen de arriba, dio lugar a relatos erróneos que, de acuerdo con el historiador de Drogheda Brendan Matthews, comenzaron a circular en la década de 1930. Estos relatos vinculaban el símbolo de la ciudad con la gratitud cívica por la ayuda turca.

A pesar de la pérdida de este recurso valioso y vital, Irlanda de ninguna manera sufría escasez de alimentos. De hecho, en las granjas y los pastizales había abundancia de cerdos, vacas y ovejas y también trigo, cebada, avena y vegetales, además de abundancia de peces en los arroyos, ríos, lagos y la zona costera. La cruel ironía era que la mayor parte de esta abundancia se encontraba fuera del alcance de la población hambrienta.

Las mejores tierras en Irlanda, que entonces era parte de Gran Bretaña, eran propiedad de acaudaladas familias británicas y angloirlandesas, muchas de las cuales ni siquiera vivían en el país o, si lo hacían, rara vez se alejaban de los barrios urbanos de Dublín para poner un pie en sus propiedades agrícolas. 

“Gran parte de la clase gobernante de Irlanda llegó a tener menos interés en las tierras de su propiedad que, por ejemplo, en temas tales como las minas de América del Sur en las que tenían acciones”, señala el historiador Tim Pat Coogan en La conspiración de la hambruna: el papel de Inglaterra en la mayor tragedia de Irlanda (The Famine Plot: England’s Role in Ireland’s Greatest Tragedy).

La Ley de la Unión de 1801, que disolvió el parlamento irlandés y puso los asuntos del país en manos de los distantes políticos de Londres, marcó una distancia aun mayor con las clases más altas. Aunque algunos miembros británicos del parlamento (MPS) estaban genuinamente preocupados por el bienestar de Irlanda, la mayoría tenía poca comprensión y mucho menos compasión, por su gente. Para los más insensibles, los irlandeses eran “una clase que, en las mejores condiciones, holgazanea en pocilgas”, según la descripción del Times de Londres en enero de 1848. 

Muchos “terratenientes ausentes”, como se les conocía entonces, alejados tanto en sentido geográfico como cultural, arrendaban sus propiedades a ricos granjeros locales a los que se denominaba “intermediarios”. Lamentablemente, al igual que las familias que los contrataban, los intermediarios tenían poco interés en las tierras que administraban más allá de su potencial para generar ingresos y, a su vez, a menudo las subarrendaban a granjeros ocupantes a cambio de tarifas abusivas. Los granjeros que arrendaban las tierras, principalmente en la provincia de Leinster, en el este, a su vez las subdividían en parcelas para rentarlas a trabajadores sin tierras conocidos como “cottiers”, que pagaban su renta trabajando cierta cantidad de días en la granja del terrateniente. En el oeste, en Connacht, los granjeros subarrendaban parcelas aún más pequeñas, denominadas tierras “conacre” (acre de maíz), a trabajadores itinerantes y les cobraban el doble de la tarifa que les pagaban a los intermediarios. 

En ambos sistemas, eran las clases más pobres de Irlanda las que llevaban a cuestas el peso de la economía del país. Durante los años de las Guerras Napoleónicas, de 1803 a 1815, los tiempos fueron bastante buenos: Gran Bretaña quedó aislada del comercio con Europa central debido al conflicto y recurrió a Irlanda para obtener alimentos y productos fabricados. Sin embargo, las sucesivas explosiones demográficas y el fin de las guerras dejaron a Irlanda con un superávit demográfico y una cantidad insuficiente de empleos. En la década de 1840, las familias que posiblemente habían gozado de abundancia apenas lograban conseguir actividades para subsistir y solo obtenían los cultivos de papas mediante un penoso trabajo entre surcos de crestas planas y paralelas de tierra levantada denominados “huachos”, un método de cultivo conocido en Irlanda durante 5.000 años, desde la Edad de Bronce. La caza y la pesca en lagos y arroyos se consideraban ilegales, en tanto la pesca en la costa marítima era una operación de temporada que requería de un bote y aparejos. Cuando la plaga atacó en 1845, muchas personas empeñaron o vendieron sus equipos de pesca a cambio de dinero para alimentos, sin imaginar que el año siguiente sería aún más desastroso.

Pero aun cuando Irlanda padecía hambre, la mayoría de los alimentos que se producían en sus granjas seguían exportándose a Inglaterra y las ganancias llenaban los bolsillos de los terratenientes. En las acaloradas palabras del revolucionario irlandés John Mitchell, quien habló más de dos décadas después, en 1868: “Dios envió la plaga, pero los británicos enviaron la hambruna”. 

El emblema de Drogheda ha aparecido de diversas maneras con estrellas de cinco, seis y siete puntas: el club de fútbol Drogheda United (arriba) muestra una estrella de cinco puntas; la casa de beneficencia de St. John (arriba y, en detalle, abajo) muestra una estrella de siete puntas. El emblema se originó en Bizancio, donde la estrella mostraba ocho puntas. El rey inglés Ricardo (“Corazón de León”) adoptó la media luna y la estrella en el año 1192 al capturar a Chipre del dominio bizantino y concedió esos símbolos al puerto de Drogheda dos años después.
El emblema de Drogheda ha aparecido de diversas maneras con estrellas de cinco, seis y siete puntas: el club de fútbol Drogheda United (arriba) muestra una estrella de cinco puntas; la casa de beneficencia de St. John (arriba y, en detalle, abajo) muestra una estrella de siete puntas. El emblema se originó en Bizancio, donde la estrella mostraba ocho puntas. El rey inglés Ricardo (“Corazón de León”) adoptó la media luna y la estrella en el año 1192 al capturar a Chipre del dominio bizantino y concedió esos símbolos al puerto de Drogheda dos años después.
El emblema de Drogheda ha aparecido de diversas maneras con estrellas de cinco, seis y siete puntas: el club de fútbol Drogheda United (arriba) muestra una estrella de cinco puntas; la casa de beneficencia de St. John (arriba y, en detalle, abajo) muestra una estrella de siete puntas. El emblema se originó en Bizancio, donde la estrella mostraba ocho puntas. El rey inglés Ricardo (“Corazón de León”) adoptó la media luna y la estrella en el año 1192 al capturar a Chipre del dominio bizantino y concedió esos símbolos al puerto de Drogheda dos años después.
El emblema de Drogheda ha aparecido de diversas maneras con estrellas de cinco, seis y siete puntas: el club de fútbol Drogheda United (arriba) muestra una estrella de cinco puntas; la casa de beneficencia de St. John (arriba y, en detalle, abajo) muestra una estrella de siete puntas. El emblema se originó en Bizancio, donde la estrella mostraba ocho puntas. El rey inglés Ricardo (“Corazón de León”) adoptó la media luna y la estrella en el año 1192 al capturar a Chipre del dominio bizantino y concedió esos símbolos al puerto de Drogheda dos años después.

Los historiadores modernos, en especial los revisionistas como Coogan, simpatizan con la visión de Mitchell e insisten en que el “El gran hambre” es un término más preciso porque “hambruna” implica una escasez de alimentos que en realidad no hubo.

“Había una abundancia de alimentos que se producían y se enviaban al exterior, pero las personas que los cultivaban no tenían dinero para comprarlos”, explica John O’Driscoll, curador del Museo de la hambruna (Famine Museum) de Irlanda, situado en Strokestown Park, condado de Roscommon.

Cuando los arrendatarios no podían pagar la renta (pues tenían que gastar todo su dinero y vender todo lo que tenían para comprar alimentos), eran desalojados por oficiales armados a la orden del terrateniente. Para evitar que los arrendatarios regresaran, brigadas de demolición quemaban sus cabañas o las reducían a escombros. Tras ser testigo de esta escena, el sacerdote de la parroquia de Strokestown, el padre Michael McDermott, escribió con enojo una carta al periódico The Evening Freeman, que se publicó en diciembre de 1847: “No vi la necesidad de hacer esa demostración inútil de semejante fuerza militar y de policía (...) rodearon la cabaña del pobre hombre, le prendieron fuego al techo mientras los niños mal alimentados y casi desnudos se alejaban rápidamente de las llamas con gritos de desesperación, mientras la madre yacía postrada en el umbral retorciéndose en agonía y el padre con el corazón roto permanecía suplicando de rodillas (...) y de esta forma, a los desdichados parias solo les quedaba la alternativa de perecer en una zanja”. 

Y perecieron. Aun cuando el cultivo de 1847 ya no mostraba señales de la plaga, la cosecha simplemente no fue lo suficientemente grande para alimentar a la población. Según se registró en el censo de Irlanda de 1851, las muertes por hambre entre 1844 y 1847 se dispararon en la mayoría de los condados: pasaron de 8 a 480 en Roscommon; de 51 a 927 en Mayo y de 15 a 586 en Kerry. De ahí el temible epíteto “El 47 negro”.

Algunos respondieron con ira, incitados por personas como Mitchell y surgieron revueltas en muchos de los pueblos y ciudades importantes de Irlanda, donde pandillas nómadas y turbas saquearon casas, tiendas y almacenes. Otros optaron por emigrar, juntando apenas los centavos que podían para pagar un pasaje a América con la esperanza de una vida mejor. Tan solo en 1851 un cuarto de millón de inmigrantes irlandeses se embarcó a Estados Unidos y se establecieron principalmente en Boston y en Nueva York, donde hacia 1855 ya un tercio de la población era nativa de Irlanda. 

Para quienes emigraron, el puerto de embarque de Liverpool, Inglaterra, era habitualmente la salida para su viaje transatlántico. Entre las ciudades irlandesas que ofrecían un servicio periódico de navíos de vapor a Liverpool estaba Drogheda, que se convirtió en el segundo puerto de emigración más grande de Irlanda, después de Dublín. 

“La cantidad de personas que partieron a América desde Liverpool, a través del puerto de Drogheda, supera la de cualquier año anterior”, informó el periódico Drogheda Argus en febrero de 1847, un año en el que llegaron a emigrar 70.000 personas desde los muelles de Drogheda. “Todos los días, el pueblo... aparece repleto de emigrantes con apariencia de cadáveres [y] criaturas desafortunadas que (...) presentan una apariencia totalmente aterradora. Se ha visto a mujeres y niños compitiendo realmente con vacas para conseguir trozos de nabos crudos tirados en el muelle de navíos transatlánticos”. 

E incluso mientras se desarrollaban estas escenas, los navíos de exportación en puertos en toda Irlanda crujían bajo el peso de los alimentos.

“Realmente quisiera que pudiera pararse solo cinco minutos en nuestras calles y ver la tropa de criaturas miserables, escuálidas y hambrientas que de inmediato le rodearían, con lágrimas en los ojos y miseria en las caras”, escribió el sacerdote de la parroquia de Kenmare, John O’Sullivan en una carta a Charles Trevelyan, secretario asistente de Gran Bretaña del Tesoro de Su Majestad, en diciembre de 1847. “Cualquiera sea el costo o el gasto, o el partido que deba caer, todo cristiano debe admitir que las personas no deben sufrir de hambre en medio de la abundancia”.

No obstante, Trevelyan no se encontraba entre los cristianos que compartían los puntos de vista de O’Sullivan. Por el contrario, creía que Dios había enviado la plaga como una oportunidad para la “mejora moral y política” de Irlanda.

Sin embargo, en el Oriente lejano había un gobernante que oyó el espíritu de los ruegos de O’Sullivan.

El sultán Abdul Mejid I tenía 24 años de edad en 1847. Había llegado al trono otomano a los 16 años de edad y gobernaría el imperio, que llegaba desde Marruecos hasta Asia Central, hasta su muerte en 1861, a la edad de 39 años. Era un calígrafo, letrado y con dominio de los idiomas árabe, persa y francés; un devoto de la literatura europea y un joven aficionado a la música clásica y la ópera, esos sonidos metálicos recién grabados que solían oírse afuera de su carpa durante sus viajes imperiales. Tenía también un ávido interés en los últimos avances de la ciencia, la medicina y la tecnología occidentales. En 1847, tras ser testigo en el palacio Beylerbeyi de una demostración del nuevo invento de Samuel Morse, el telégrafo, le confirió al inventor la Nishan Iftichar (Orden de la gloria) y se deleitó personalmente con la transmisión de un mensaje entre el harén y la entrada principal del palacio. 

Era un hombre gentil, inteligente, trabajador, que ostentaba dignidad y humildad a la vez, enriquecido por la virtud de la compasión Stratford Canning Embajador inglésAdemás de su entusiasmo por la innovación, Abdul Mejid I también se hizo conocido por su filantropía. Había sido un niño enfermizo, de modo que quiso evitar que las inclemencias de las enfermedades infecciosas afectaran a sus súbditos. Por ejemplo, durante sus recorridos oficiales por el imperio, hacía que se vacunara a los niños de los poblados en su presencia. 

En cuanto a la política, también sostenía ideas progresistas. El joven sultán estaba determinado a modernizar el imperio y emprendió los pasos para instituir la tanzimat (“reorganización”) que su padre, el sultán Mahmud II, había concebido. Esto incluía la abolición de las ejecuciones sin juicios, la emisión de los primeros billetes otomanos, el asentamiento de las bases del primer parlamento otomano y el establecimiento de un sistema de instituciones, escuelas y universidades modernas y laicas bajo una sola autoridad, el recién formado Ministerio de Educación. En su deseo de reducir el nacionalismo étnico, amplió la ciudadanía completa y la igualdad ante la ley de todos los súbditos otomanos, sin importar su origen étnico o su religión. En la corte, hizo a un lado siglos de una pesada etiqueta: los emisarios extranjeros ya no tenían que entregar sus espadas ceremoniales en la puerta, sumergirse en agua de rosas, vestir caftanes sobre sus uniformes y sentarse en un nivel más bajo que el sultán, si acaso se les permitía estar en su presencia.

“En el nuevo régimen, los embajadores se paraban con la espada en su costado y el bicornio en la mano, cara a cara con el sultán”, informaba un enviado británico.

Entre aquellos que disfrutaban de acceso libre y familiar con Abdul Mejid se encontraba el embajador inglés Stratford Canning, hijo de un mercader de Londres nacido en Irlanda. Canning admiraba las ambiciones del joven sultán, pero al ser uno de los diplomáticos con más tiempo en servicio en la corte otomana, consideró los efectos a largo plazo de sus extrañezas.

“Era un hombre gentil, inteligente, trabajador, que ostentaba dignidad y humildad a la vez, enriquecido por la virtud de la compasión”, observó Canning. “Pero carecía del poder y la iniciativa para convertir sus deseos en realidad”.

En última instancia, Abdul Mejid demostró que Canning estaba equivocado y, de no haber sucumbido ante la tuberculosis a tan corta edad, habría logrado reformas aún mayores. Fue frágil durante toda su vida y tal vez por esto se rodeó de médicos (en especial médicos extranjeros), aunque de acuerdo con la historiadora Miri Shefer-Mossensohn, estos lujos eran habituales y estaban de moda.

“Franceses, alemanes, italianos. Los otomanos siempre tenían médicos europeos con ellos, [junto] con sus propios médicos, ya desde el siglo XV”, afirma Shefer-Mossensohn, autora de Medicina otomana: instituciones médicas y de sanación, de 1500 a 1700 (Ottoman Medicine: Healing and Medical Institutions, 1500-1700). La lógica, indica, se basaba esencialmente en la probabilidad: “La idea era que, como no se sabía cuál de los médicos encontraría el alivio, lo mejor era tener la mayor cantidad posible para utilizar la más amplia variedad de habilidades”.

Los registros muestran que en el equipo personal de especialistas de Abdul Mejid se encontraba Julius Michael Millingen, un médico holando-inglés que atendió a Lord Byron en su lecho de muerte, un anatomista de Viena de nombre Spitzer y un médico irlandés proveniente de Cork, que se llamaba Justin Washington McCarthy. McCarthy nació alrededor de 1789 y era hijo de un abogado; fue aclamado el 8 de septiembre de 1841 en el periódico de su ciudad natal, el Cork Examiner, como “una persona que ha alcanzado una considerable eminencia como médico en la capital de Turquía”. Se capacitó en Edimburgo y Viena, antes de entrar al servicio de la corte otomana bajo el reinado del padre de Abdul Mejid, más de una década atrás. 

La primera mención y la evidencia más antigua de la conexión de McCarthy con la historia de la ayuda alimentaria a los irlandeses por parte del sultán aparecen en el diario del escritor y patriota irlandés William J. O’Neill Daunt. En sus escritos hechos en Edimburgo el 17 de enero de 1853, unos seis años después del evento que describe, Daunt narraba que “Llegó un tal Sr. M’Carthy [sic]. Su padre es médico del sultán”. En la anotación del día siguiente, informaba: “M’Carthy (el turco) (...) me dijo que el sultán tenía la intención de donar 10.000 libras esterlinas a los irlandeses azotados por la hambruna pero fue disuadido por el embajador inglés, Lord Cowley, pues Su Majestad, quien solo había autorizado una donación de 1.000 libras esterlinas, se habría molestado si un soberano extranjero donara una suma mayor”.

Los detalles en el relato de Daunt son significativos. En 1847, la reina Victoria envío originalmente solo 1.000 libras esterlinas y posteriormente duplicó su donación. (Por su parsimonia, la prensa irlandesa se refería a ella con el sobrenombre de “la reina de la hambruna”).

Además de la ayuda financiera del sultán Abdul Mejid I, en mayo y junio de 1847 tres navíos otomanos llegaron a Drogheda. Dos provenían del puerto otomano de Tesalónica y estaban cargados de maíz, mientras que otro era de Stettin y venía cargado de trigo rojo. Aunque aún no queda claro para los historiadores si estos navíos arribaron con donaciones o solo con envíos comerciales, los irlandeses expresaron elocuentemente su gratitud en esta florida carta, que ahora forma parte de los archivos otomanos en Estambul. La Biblioteca Nacional de Irlanda guarda una copia.
Archivos otomanos/cortesía de Mustafá Öztürk Akcaoğlu
Además de la ayuda financiera del sultán Abdul Mejid I, en mayo y junio de 1847 tres navíos otomanos llegaron a Drogheda. Dos provenían del puerto otomano de Tesalónica y estaban cargados de maíz, mientras que otro era de Stettin y venía cargado de trigo rojo. Aunque aún no queda claro para los historiadores si estos navíos arribaron con donaciones o solo con envíos comerciales, los irlandeses expresaron elocuentemente su gratitud en esta florida carta, que ahora forma parte de los archivos otomanos en Estambul. La Biblioteca Nacional de Irlanda guarda una copia.

McCarthy efectivamente tenía dos hijos, ambos nacidos en Estambul, aunque aún se desconoce cuál estuvo en Edimburgo en ese año. Lord Cowley fue el H. Henry Wellesley, el chargé d’affaires (encargado de negocios) del embajador Canning, quien trabajó como embajador en funciones en 1847 mientras Canning se encontraba en Inglaterra. Además, la información referida al hecho de que el sultán redujera su donación por consideración a la Corona Británica apareció impresa al menos tres años antes, en la edición de octubre de 1850 de la revista The New Monthly, una publicación periódica sobre arte y política de Londres. En un escrito desde Esmirna, en la costa turca del Egeo, el corresponsal Mahmouz Effendi elogiaba al “joven sultán Abdul Mejid, quien en la reciente hambruna irlandesa aportó la generosa donación de 1.000 libras esterlinas para aliviar el sufrimiento de quienes bajo sus propias creencias son considerados infieles (...) y quien habría dado más, mucho más, aunque la etiqueta de estado indicaba que, en estos casos, se debía permitir que el soberano de Inglaterra encabezara la lista”. 

Enviado durante la ominosa escalada de la Guerra de Crimea (1853 a 1856), cuando las amenazas de Rusia derivaron en una alianza entre el Imperio Otomano e Inglaterra, el informe de Effendi además especulaba que “[s]i hay un irlandés” al servicio del almirante William Parker, comandante de la flota británica del Mediterráneo, “estamos seguros de que ese hijo de la Isla Esmeralda recordará, en el momento de la batalla, la noble y oportuna generosidad del sultán y sea quien sea el enemigo, ¡atacará con ímpetu y a matar por mera gratitud!”. 

Aunque no hay evidencia de que el médico McCarthy informara personalmente al sultán acerca de la hambruna, no habría sido necesario. Desde 1847, la noticia de la devastación había llegado a todo el mundo e inspiraba acercamientos similares.

El 21 de abril de 1847, el London Times elogió brevemente la donación. 
El 21 de abril de 1847, el London Times elogió brevemente la donación. 

“Hubo un increíble esfuerzo internacional de ayuda, con contribuciones que provinieron de todos los rincones del mundo, desde Caracas hasta Ciudad del Cabo, Melbourne y Madrás”, explica Christine Kinealy, directora del Instituto de la Gran Hambruna de Irlanda (Ireland’s Great Hunger Institute) en la Universidad de Quinnipiac, en Connecticut. Si bien el gobierno británico (principalmente bajo la autoridad de Sir Robert Peel, un predecesor de Trevelyan que mostraba más compasión) proporcionaba millones de libras esterlinas en asistencia en forma de distintos programas, como asilos para los pobres, Kinealy señala que las donaciones privadas también “asumieron un papel importante” en el esfuerzo general. En un lugar destacado entre los donadores privados se encontraban los cuáqueros ingleses y estadounidenses de clase media, quienes ayudaron a establecer cocinas de sopas en varios pueblos y ciudades de Irlanda. Sin embargo, Kinealy señala que las donaciones extranjeras más conmovedoras e impresionantes provinieron de aquellos que eran tan pobres como los irlandeses azotados por la hambruna.

“En la India, hubo barredores de alfombras, que eran los trabajadores con la paga más baja del país, que enviaron dinero a Irlanda. En Estados Unidos, las naciones choktaw y cheroqui también enviaron dinero”, afirma.

La entidad encargada de canalizar las donaciones privadas fue la Asociación Británica para el Alivio del Sufrimiento en Irlanda y las Tierras Altas de Escocia (British Association for the Relief of Distress in Ireland and the Highlands of Scotland), conocida como la Asociación de Ayuda Británica, o BRA, por sus siglas en inglés, fundada en enero de 1847. En su informe anual de 1849, la organización felicitaba a “Su Majestad Imperial, el sultán, donador de 1.000 libras esterlinas, cuyo magnífico ejemplo fue seguido en su propio estado y en muchos otros, cuyos únicos lazos con el pueblo de Gran Bretaña han sido los de simpatía, humanidad y hermandad del género humano”. Otras contribuciones desde el Imperio Otomano incluyeron una colecta nacional que se realizó en Constantinopla y reunió 450,11 y 283 libras esterlinas enviadas por el capítulo local de la Conferencia de San Vicente de Paúl (SVP), una organización católica de beneficencia. 

El muelle de Drogheda en la actualidad, junto al río Boyne, cerca de su desembocadura en el Mar de Irlanda.
El muelle de Drogheda en la actualidad, junto al río Boyne, cerca de su desembocadura en el Mar de Irlanda.

El informe de la BRA incluía la transcripción de una carta, ahora guardada en los archivos otomanos de Estambul, en la que una gran cantidad de personas de la nobleza y el clero agradecían a Abdul Mejid I su generosidad. El texto del elaborado documento, escrito en vitela y decorado con motivos de tréboles y brezos, agradece al sultán haber ayudado a “los habitantes de Irlanda, afligidos y en sufrimiento” y haber dado “un valioso ejemplo a otras grandes naciones de Europa”. Complacido con la carta, se dice que Abdul Mejid I respondió: “Me provocó un gran dolor oír acerca de los sufrimientos del pueblo irlandés. Habría hecho todo lo que estuviera en mi poder para aliviar sus necesidades... Al ayudar a aliviarlas, simplemente seguí el dictado de mi propio corazón; pero también era mi deber mostrar mi compasión por el sufrimiento de una parte de los súbditos de su Majestad la Reina de Inglaterra, pues considero a Inglaterra como el mejor y más sincero amigo de Turquía”.

No es de sorprender que en las líneas de esta admiración mutua la diplomacia se esconda a plena luz del día. La carta irlandesa respetuosamente reconoce los “vastos territorios” bajo la influencia del sultán, mientras que la cálida caracterización que Abdul Mejid hace de Inglaterra es la petición a la corona, bajo un velo muy delgado, de apoyo en un momento en el que el zar Nicolás I de Rusia amenazaba con hacerle la guerra. 

Habría hecho todo lo que estuviera en mi poder para aliviar sus necesidades... Al ayudar a aliviarlas, simplemente seguí el dictado de mi propio corazón. Abdul Mejid INo obstante, los encabezados del día elogiaron a Abdul Mejid. “Sufrimiento irlandés; simpatía turca” declaró The Nenagh Guardian el 21 de abril de 1847, mientras que cuatro días antes The Nation de Dublín había celebrado la amistad entre “El sultán y el pueblo irlandés”. Incluso el cuidadoso y conservador periódico Times de Londres declaró, ese mismo día, que la generosidad del sultán hacia los irlandeses “le ganó gran crédito”. La revista religiosa inglesa Church and State Gazette tomó la historia y en su edición del 23 de abril elogió a Abdul Mejid como un gobernante “que representa a los multitudinarios pueblos del Islam” por su “cálida compasión hacia una nación cristiana”. El artículo proseguía expresando la esperanza de que “se cultive y se mantenga, de ahora en adelante, esta solidaridad en todas las amables obras de beneficencia y de humanidad común entre los seguidores de la cruz y la media luna”. Seis años después, durante el conflicto de Crimea, cuando algunos en Inglaterra cuestionaron si era correcto que una nación ayudase a una musulmana a repeler la ambición rusa, otros demostraron que aquellas “obras de beneficencia y de humanidad común” ciertamente no habían sido olvidadas.

“Parece que se ha generado una gran tensión ante el argumento de que el sultán es un cristiano (...) y entonces por qué deberíamos apoyarlo, etc.”, escribió Jack Robinson de Wolverhampton en una carta al editor del Daily News en noviembre de 1853. “Ruego que algunas personas recuerden (...) cuán cristiano fue su comportamiento cuando la hambruna golpeó a Irlanda”.

Así pues, el hecho de que Abdul Mejid envió 1.000 libras esterlinas a Irlanda está bien documentado. Pero, ¿qué hay de los navíos cargados con cereales? Aquí, separar la ficción de los hechos es más difícil, pero hay evidencia circunstancial que sugiere que su donación pudo haber superado las 1.000 libras esterlinas.

En la actualidad, casi 70.000 personas viven en Drogheda y sus alrededores, lo que incluye a muchos que trabajan en Dublín. Como puerto histórico, siempre ha recibido influencias del extranjero, como la comida rápida de kebab a la parrilla, un elemento básico de la cocina turca
En la actualidad, casi 70.000 personas viven en Drogheda y sus alrededores, lo que incluye a muchos que trabajan en Dublín. Como puerto histórico, siempre ha recibido influencias del extranjero, como la comida rápida de kebab a la parrilla, un elemento básico de la cocina turca

Un artículo del 21 de julio de 1849 publicado en el semanario noticioso estadounidense The Albion indicaba que “el sultán originalmente ofreció enviar 10.000 libras esterlinas a Irlanda así como algunos navíos cargados de provisiones” (énfasis agregado). Una historia similar, “La etiqueta real y sus consecuencias ” (Royal Etiquette and Its Consequences), publicada en la página dos de la edición del 29 de septiembre de 1849 de The Brooklyn Daily Eagle, informaba que “mientras la hambruna realizaba su mortal trabajo en Irlanda, el sultán de Turquía, Abdul Medjid Khan, propuso hacer una donación de diez mil libras esterlinas y enviar buques cargados con provisiones, para alivio de los hambrientos irlandeses” (nuevamente, énfasis agregado). En el cuarto volumen de La vida y los tiempos de Sir Robert Peel (Life and Times of Sir Robert Peel), publicado en 1851, el biógrafo Charles Mackay hace la misma afirmación: que el sultán tenía la intención de enviar 10.000 libras esterlinas, “además de algunos navíos cargados de provisiones”. Algunos años más tarde, en 1880, el patriota irlandés Charles Stewart Parnell (enemigo de la Corona Británica) agregó un punto aún más agudo al asunto: aseguró que la Reina Victoria ordenó interceptar los navíos de cereales turcos junto con su cargamento, valuado en 6.000 libras esterlinas. Parnell declaró además que la Reina Victoria no envió dinero Irlanda, lo cual pone en duda toda su narración. Sus falsas declaraciones fueron inmediatamente refutadas, ni más ni menos, que por Lord Randolph Churchill (el padre de Winston) como parte de la disputa constante entre los dos hombres que se desarrollaba en las páginas de la prensa inglesa y australiana. Más recientemente, el autor irlandés Ted Greene, en su volumen conmemorativo Drogheda: su lugar en la historia de Irlanda (Drogheda: Its Place in Ireland’s History), publicado en 2006, hace la afirmación de fuente desconocida de que la Reina Victoria “intervino al evitar que los navíos llegaran, primero a Cobh [Cork] y luego al puerto de Belfast, aunque finalmente tuvieron éxito al llegar en secreto al pequeño puerto de Drogheda y entregar los alimentos” (el énfasis es de origen).

De “algunos navíos cargados de provisiones” a tres navíos que llegaron “en secreto” en Drogheda, la historia evolucionó con los años, desde lo que pudo haber sido una intención no realizada por parte de Abdul Mejid (de añadir alimentos a su donación de dinero), a una operación encubierta para pasar navíos cargados de cereales al margen de las autoridades aduaneras británicas. En cualquier caso, este capítulo en particular de la historia genera dudas en la mente de Kinealy.

“Sencillamente no tiene sentido. Si le habían pedido que no donara más que la reina y quería tener una alianza más estrecha con Gran Bretaña, ¿por qué se arriesgaría a enviar tres navíos en secreto con la posibilidad de ofender a su aliado?”, señala.

Sin embargo, según asegura Ahmet Öǧreten, profesor asistente de historia en la Universidad de Kastamonu en el norte de Turquía, desde el punto de vista musulmán turco, la maniobra tenía sentido.

“Era una costumbre común entre los musulmanes: si uno dijo que haría una donación pero solo se le permitió dar una parte de la misma, uno no vuelve a tomar el resto del dinero. Se busca la manera de entregar la donación completa, de una forma u otra”, explica Öǧreten, quien está preparando un estudio sobre el episodio. Su creencia de que el sultán habría honrado su palabra acerca de su donación original, por un sentido de deber religioso, se ve reflejada en la biografía de Abdul Mejid escrita por el reverendo Henry Christmas en 1854. Christmas menciona que el sultán dijo: “Mi religión me obliga a observar las normas de hospitalidad”, en respuesta a la llegada de refugiados polacos y húngaros que huían de la agresión austríaca y rusa. El ministro protestante citó esto, junto con la historia de la donación a los irlandeses, como ejemplos del “verdadero espíritu de cristiandad” de Abdul Mejid: “y hay más de esto en el sultán Mohammeden [sic] de Turquía que en cualquiera de todos los príncipes cristianos de Europa”.

La búsqueda de Öǧreten en los archivos de Irlanda y Estambul reveló, como mínimo, evidencia que sugiere que la donación del sultán fue, de hecho, algo mayor de lo que se informó públicamente.

“Un documento en los archivos otomanos registra que donó 1.000 liras turcas y no 1.000 libras esterlinas [británicas]”, dice el profesor. El documento trata acerca de la solicitud de un hombre que fue identificado como la persona que presentó la carta irlandesa de agradecimiento al sultán, “Mosyo O’Brien”; posiblemente Sir (“Monsieur”) Lucius O’Brien, un firmante de la carta. Ya sea que se trate de un error de escritura, o un detalle que se perdió en la traducción, la cantidad que se indica en el documento es “1.000 liras” y Öǧreten señala que habrían tenido un valor superior, en aquel entonces a 1.000 libras esterlinas. Con un tipo de cambio de 1,20 libras esterlinas por lira otomana en 1847, la donación de 1.000 liras de Abdul Mejid (1.200 libras esterlinas) sería, en moneda actual, cercana a los 160.000 dólares.

Sea cual fuere la cantidad, el motivo por el que un gobernante musulmán se convirtió en héroe en los anales de Drogheda en última instancia se resume en la convergencia de ciertas circunstancias, lo que incluye, finalmente, el papel coincidente que jugó el escudo de la ciudad, que utiliza una estrella y una media luna, de acuerdo con el historiador de Drogheda Brendan Matthews, autor del estudio, “Drogheda y los navíos turcos de 1847” (Drogheda & The Turkish Ships of 1847).

“El símbolo de Drogheda Steam Packet Company, la empresa privada que ofrecía un servicio periódico de navíos de vapor a Liverpool, desde Drogheda, era una bandera verde con una estrella blanca de cinco puntas colocada sobre una media luna”, explica Matthews. La empresa adoptó este estandarte, que actualmente se ha convertido en sinónimo de la herencia islámica, no de los otomanos sino del escudo de la ciudad de Drogheda que lleva la estrella y la media luna desde finales del siglo XII.

En 1995, William Frank, entonces alcalde de Drogheda, reconoció la ayuda del sultán con esta placa conmemorativa sobre la entrada del Hotel Drogheda, que es el mismo hotel que quizás alojó a los marineros otomanos responsables de la distribución de maíz y trigo.
En 1995, William Frank, entonces alcalde de Drogheda, reconoció la ayuda del sultán con esta placa conmemorativa sobre la entrada del Hotel Drogheda, que es el mismo hotel que quizás alojó a los marineros otomanos responsables de la distribución de maíz y trigo.

“Los símbolos fueron conferidos a Drogheda por Ricardo Corazón de León en 1194”, afirma Matthews. El rey Ricardo adoptó el símbolo en 1192, tras la captura de Chipre de su último gobernante bizantino mientras se encontraba en camino a la Tierra Santa, durante la tercera Cruzada. Los gobernantes bizantinos habían usado el símbolo original (la combinación de la media luna de la diosa patrona del antiguo Bizancio, Diana, con la estrella de ocho puntas de la Virgen María) desde el siglo IV. No se convirtió en un emblema del Islam sino hasta después del siglo XIV.

Mientras tanto, de 1846 a 1847, las importaciones comerciales de cereales a Irlanda aumentaron más del cuádruple, de 197.000 toneladas a 909.000 toneladas. Entre los puertos que experimentaron este repentino ingreso de cereales extranjeros (en especial cereales del Imperio Otomano) se encontraba Drogheda. “Antes de la hambruna de 1847, el comercio exterior de Drogheda (...) se limitaba a unos cuantos cargamentos de madera del Báltico y de América”, escribió Anthony Marmion en su Historia antigua y moderna de los puertos marítimos de Irlanda (Ancient and Modern History of the Maritime Ports of Ireland), que se publicó en 1853. “Sin embargo, desde entonces y durante los últimos cuatro años en particular, ha habido un comercio de nivel significativo respecto de la importación de trigo extranjero, más específicamente, de maíz indio proveniente del Mar Negro”.

Esta expansión formaba parte del aumento del comercio otomano - europeo como consecuencia del tanzimat de Abdul Mejid, que estableció un Ministerio de Comercio que buscaba “forjar nuevos vínculos comerciales con las dinámicas economías industrializadoras de Europa occidental”, según describe el historiador Mark Mazower, autor de Salónica, ciudad de fantasmas (Salonica, City of Ghosts) en 2006. Carter Vaughn Findley, en su estudio de 2010 Turquía, Islam, nacionalismo y modernidad (Turkey, Islam, Nationalism, and Modernity), observó que entre 1840 y 1876 esta liberalización comercial provocó un aumento en el valor de las exportaciones otomanas de 4,7 millones a 20 millones de libras esterlinas. Findley señala que estas exportaciones estaban compuestas “desproporcionadamente por productos agrícolas de los Balcanes”.

En 1997, en Dublín, el escultor Rowan Gillespie dedicó su obra “Hambruna” a la memoria de los millones de irlandeses que sufrieron, emigraron o perecieron en esa época. La obra es un recordatorio de los años de mayor desesperación de la nación. 

Al examinar los periódicos del período, Matthews descubrió que tres navíos de las regiones de los Balcanes llegaron a Drogheda en mayo de 1847, durante el mes siguiente a la publicitada donación de Abdul Mejid. Dos de los navíos, el Porcupine y el Ann, llevaban maíz indio de Tesalónica (Salónica), mientras que el tercero, el Alita, traía trigo rojo, también conocido como “trigo rojo de Turquía”, desde Stettin, un puerto marítimo báltico que actualmente está en Polonia. Aunque Matthews no llega a sugerir que estos fueron los tres denominados “navíos secretos”, sí especula con que la convergencia coincidente de navíos que transportaban cereales provenientes del Imperio Otomano, la bandera de la estrella y la media luna de la Drogheda Steam Packet Company y la desesperación de la gente abarrotando los muelles bien pudieron haber motivado la leyenda.

“Estaban estos navíos que venían del Imperio Otomano con marineros de Cerdeña, Egipto y Grecia a bordo, que conocían bien el símbolo de la estrella y la media luna de los otomanos. Además había 70.000 irlandeses con hambre que se agolpaban en el muelle en busca de trabajo o alimento, o alguna manera de salir del país. Y además los navíos locales llevaban una bandera con la estrella y la media luna, con la que los marineros otomanos de inmediato se podían identificar”, resume Matthews. Estas circunstancias, especula, pudieron haber provocado un gesto humanitario espontáneo por parte de los marineros, que quizás les dieron una parte de los cereales directamente a los hambrientos irlandeses, ya sea por lástima o por alguna vaga sensación de simpatía por un puerto en el que la estrella y la media luna ondeaban en los mástiles de los navíos locales.

“¿Quizás les dieron 100 sacos de alimento? ¿Veinte sacos de cereales, para alimentar a 100 familias? Algo pasó y generó esta leyenda en nuestra historia oral: que en esa época de crisis, recibimos alimentos del pueblo turco”, afirma Matthews.

Matthews cree que, conforme la historia pasó de generación en generación, fue adornada con leyendas de navíos “secretos” y la “adopción” de la estrella y la media luna “turcas” por parte de las agradecidas autoridades de la ciudad. Él supone que estos detalles probablemente fueron agregados narración tras narración: un subproducto creíble en una cultura famosa por su tradición oral que, como Julio César señaló en sus Comentarios sobre la guerra de las Galias, favorecía el “uso de la memoria” sobre la palabra escrita.

No obstante, sea cual fuere la verdad, este capítulo de la historia de “La gran hambruna” ha sido inmortalizado en pinturas y en piedra, e incluso es posible que se plasme en una película si se cumplen las ambiciones del productor turco Omer Sarikaya. (Recuadro del lado opuesto).

Sin embargo, en el fondo yace el hecho irrefutable del gesto generoso de un gobernante otomano hacia un pueblo al que no le debía nada, salvo la compasión que le demandaba su fe y su carácter personal.

Tom Verde El escritor independiente de Connecticut Tom Verde (writah@gmail.com) es un colaborador habitual de AramcoWorld. 

 

Este artículo fue publicado en la página 2 de la edición impresa de AramcoWorld.

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miércoles, 29 de octubre de 2025

Firma para erigir una estatua de Patrick Pearse frente a la Oficina del GPO en Dublín


Siguiendo nuestro criterio y trayectoria de apoyo (virtual y económico) a diversas causas relacionadas con la libertad de Irlanda y el legado de lucha de siglos, desde El Norte de Irlanda nos hemos sumado a la petición para erigir una estatua en homenaje a Pádraig Pearse en los exteriores del GPO.

Os pedimos que firméis la petición, que está disponible en la siguiente dirección:

FIRMA AQUÍ

Y ya sabéis: "Todos, republicanos o no, tienen su propia parte particular que desempeñar. Ninguna parte es demasiado grande o demasiado pequeña, nadie es demasiado viejo o demasiado joven para hacer algo". 

Con este simbólico gesto, seguimos haciendo ''algo''.

Patrick Pearse (1879-1916) es una de las figuras más influyentes de la historia irlandesa. Como Comandante en Jefe del Alzamiento de Pascua de 1916 y principal autor y firmante de la Proclamación de la República de Irlanda, sus acciones e ideales estuvieron profundamente entrelazados con los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en la Oficina de Correos de Dublín.

La Oficina de Correos de Dublín sigue siendo el corazón físico y simbólico del republicanismo irlandés. Sin embargo, si bien varias figuras clave de la historia irlandesa son conmemoradas en toda la ciudad, la ausencia de Pearse en este lugar tan conmovedor constituye un vacío notable en nuestro paisaje nacional.

Les instamos a firmar esta petición para mostrar su apoyo a la instalación de una estatua de Patrick Pearse —educador, revolucionario y autor de la Proclamación de 1916— frente a la Oficina de Correos de Dublín, el corazón espiritual de la independencia irlandesa. Su legado merece un honor visible en el lugar donde se forjó la historia. 

lunes, 28 de abril de 2025

Patrick McClean excluido de la convocatoria del Glentoran

Patrick McClean ha sido excluido de la convocatoria del Glentoran tras la investigación del club por su aparición en la 'Conmemoración Nacional de Pascua de la Revolución Inacabada' en Derry, ligada al partido Republicano Saoradh.

El defensa McClean ha sido excluido del equipo del Glentoran para el partido contra el Larne.

La marcha Republicana fue bastante numerosa y contó con una Colour Party de cincuenta personas, que desfilaron con atuendo militar.

En las cercanías de la marcha, en las murallas de Derry se produjeron incidentes, tras ser atacadas dotaciones policiales masivamente desplegadas en la zona. Un total de unas 50 bombas de gasolina y otros tantos elementos pirotécnicos fueron arrojados contra el PSNI, además de objetos contundentes diversos.

lunes, 21 de abril de 2025

¿Sabías que...? Les Binks (Judas Priest) tenía fuerte amistad con Orangistas de Portadown

Un destacado orangista ha expresado su dolor tras la muerte de su amigo Les Binks, ex baterista de la banda de heavy metal Judas Priest. David Jones, quien durante mucho tiempo estuvo asociado con la violenta campaña de protesta de Drumcree, y Binks fueron amigos en su juventud en Portadown y tocaron en el mismo grupo, The Machine.

El ex baterista de Judas Priest, Les Binks, murió a los 73 años. Binks falleció el 15 de marzo de 2025 pero la nota de su fallecimiento se hace oficial el día 14 de abril de 2025.

El músico norirlandés, nacido en la convulsa localidad de Portadown, se unió a la legendaria banda de heavy metal en 1977, tras haber trabajado con Eric Burdon, War (más tarde conocidos como War) y el grupo pop Francy. Su fallecimiento fue reportado por varios medios, aunque no se indicó la causa de muerte.

Binks participó en los álbumes de 1978 ‘Stained Class’, ‘Killing Machine’ y en el LP en vivo de 1979 ‘Unleashed In The East’. Abandonó Judas Priest poco después del lanzamiento de este último disco.

 

La banda expresó en Instagram: «Estamos profundamente tristes por el fallecimiento de Les y enviamos nuestro amor a su familia, amigos y fanáticos. Su aclamada interpretación de batería fue de primera clase, mostrando su técnica única, talento, estilo y precisión. Gracias, Les; tu reconocimiento perdurará».

miércoles, 16 de abril de 2025

Los bomberos se retiran de un incendio tras ser atacados con piedras

Un diputado calificó de "inaceptable" el ataque a los servicios de emergencia que respondían a un incendio en el Parque Forestal de Colin Glen, en el oeste de Belfast.

El PSNI informó que el Servicio de Bomberos y Rescate de Irlanda del Norte (NIFRS) "fueron apedreados y se retiraron para evitar lesiones personales" tras responder al incidente el sábado por la noche.

"Agentes de Policía acudieron poco después y dispersaron a un grupo de jóvenes. Según el PSNI: "La policía descubrió material inflamable introducido en el parque forestal, que se había utilizado para provocar el incendio".

Danny Baker, de Sinn Féin, afirmó que este comportamiento "no será tolerado".  Baker también declaró: "Anoche fue un ejemplo más del comportamiento inaceptable en el Parque Forestal Colin Glen.

Se han provocado incendios por todo el bosque y los equipos de emergencia han sido atacados al atender las llamadas de los residentes. El bosque es una joya y, trabajando juntos, lo mantendremos así".

El viernes, el servicio de bomberos confirmó que su personal atendió 1112 incidentes entre el jueves 3 y el jueves 10 de abril, 296 de los cuales fueron incendios forestales.

El concejal del SDLP, Paul Doherty, declaró: "En una semana en la que los bomberos han combatido heroicamente incendios en Black Mountain y han arriesgado sus vidas al responder a innumerables otras emergencias, es una vergüenza que los equipos fueran atacados por jóvenes en el Parque Forestal Colin Glen anoche". Añadió: «Hoy vuelvo a hacer un llamamiento para que cesen estos ataques. Mientras los bomberos responden a incidentes como este, su atención se desvía de asuntos más importantes. También insto a los padres de la localidad a que hablen con sus hijos y se aseguren de que no participen en este tipo de actividades».

martes, 15 de abril de 2025

La estatua de Molly Malone en Dublín tendrá vigilancia para no ser tocada

El Ayuntamiento de Dublín está implementando un programa piloto durante una semana en mayo tras las quejas de personas que tocan los pechos de la escultura. El ayuntamiento también informó que tiene planes de repatinar (recubrir) partes de la estatua que se han decolorado por el contacto.

"El Ayuntamiento de Dublín no quiere que nadie toque ninguna obra de arte, ni en interiores ni en exteriores, para evitar daños y costosas reparaciones", declaró un portavoz.

La baja altura del pedestal y el espacio alrededor de la estatua permiten que las multitudes se congreguen fácilmente, y la estatua de Molly Malone es un elemento destacado de las visitas guiadas.

El ayuntamiento afirmó que se están evaluando otras posibles opciones para evitar que la gente toque la estatua, como moverla o elevar el pedestal sobre el que se asienta.

Sin embargo, indicó que estas opciones serían costosas y añadió que colocar una barandilla alrededor de la obra de arte podría aumentar el riesgo.

En mayo se realizará una semana piloto de vigilancia para comenzar a educar a quienes interactúan con la estatua, pidiéndoles que no la toquen ni pisen el pedestal y explicando las razones para no hacerlo, según el comunicado del ayuntamiento.

Tilly Cripwell, una estudiante que ha hecho campaña para que la estatua sea tratada con más respeto, criticó la idea de los vigilantes por considerarla poco perspicaz y a corto plazo.

Sin embargo, celebró las obras de restauración planificadas como un "avance importante".

Declaró en el programa "Good Morning Ulster" de la BBC que esperaba que los comportamientos cambiaran "y, de no ser así, [la estatua debería] ser erigida sobre un pedestal".

También pidió la instalación de una placa para explicar el legado de Molly Malone.

¿Quién fue Molly Malone?

La estatua de Molly Malone se erigió hace 37 años en homenaje a una legendaria dublinesa que vendía mariscos en las calles de la capital irlandesa.

No está claro si el personaje está basado en una persona real o ficticia, pero la figura de Molly Malone ha llegado a representar a parte de la comunidad obrera de Dublín.

También fue protagonista de una canción popular tradicional que cuenta la historia de la hija de un pescadero que vendía berberechos y mejillones en una carretilla. Según la colorida letra, Molly murió de fiebre, pero luego regresó como un fantasma, todavía empujando su carretilla por las calles de la ciudad.

Muchas obras de arte público en Dublín se conocen popularmente por apodos que riman, y durante años, la estatua de Molly Malone fue conocida como "la fulana con el carro".

Este nombre se debió en parte a las sugerencias de que Molly Malone trabajaba como pescadera de día y como trabajadora sexual de noche.

La estatua se erigió por primera vez en la calle Grafton de Dublín en 1988, obra de la reconocida escultora de bronce Jeanne Rynhart.

Posteriormente se trasladó a la cercana calle St Andrews para dar cabida a la construcción de una línea de tranvía.

lunes, 17 de marzo de 2025

Cambios legislativos para acabar con la presencia de iconografía ''paramilitar''

Los cambios propuestos para ''leyes antiterroristas'' podrían dar a la policía del Norte poderes adicionales para retirar banderas de grupos armados paramilitares lealistas y grupos armados Republicanos.

En una reunión de la junta policial la semana pasada, el jefe de policía del Servicio de Policía de Irlanda del Norte (PSNI), Jon Boutcher, dijo que había estado en contacto con el revisor independiente de legislación sobre terrorismo, Jonathan Hall KC, sobre "legislación adicional".

La ministra de Justicia, Naomi Long, dijo que el hecho de que "las manifestaciones públicas de apoyo a las organizaciones ilegales sigan vigentes, sin oposición, refuerza el control que estas organizaciones tienen sobre las comunidades".

Actualmente, el PSNI sólo puede retirar banderas si está recopilando evidencia para un caso de enjuiciamiento.

En declaraciones al programa Good Morning Ulster de BBC News, Hall dijo que la ley actual también permite a la policía procesar a cualquiera que haya erigido una bandera ''paramilitar''.

"La policía se siente incapaz de retirarlas porque dice: 'nunca vamos a poder procesar a nadie, así que ¿cómo vamos a confiscarlas?'", dijo.

Ahora hay un proyecto de ley en trámite en el Parlamento que permitirá a la policía confiscar banderas "aunque nunca puedan procesar a nadie o usarlas como prueba", dijo Hall.

"Así que ese es el cambio clave". La decisión de qué banderas retirar es la "pregunta del millón", añadió Hall.

Cuando se apruebe el proyecto de ley, dijo Hall, significará que la policía podrá "ir y confiscar una bandera y nadie podrá decir que no puede hacerlo". Dijo que si la policía siente que necesita "más poderes", por ejemplo en relación a los murales, lo discutirá con ellos.

viernes, 7 de marzo de 2025

Se inaugura en Derry un museo con cientos de objetos políticos y militares

El museo Bedlam Antiques, ubicado en Shipquay Street, abrió oficialmente sus puertas al público el pasado mes.

Gary McNicholl, propietario de una conocida tienda de antigüedades, ha estado coleccionando una variedad de artefactos, uniformes y otros artículos desde que era un niño. A medida que la colección continuó creciendo a lo largo de los años, según informa Derry Now, Gary decidió que debía exhibirse y no permanecer oculta en cajas.

El difunto padre de Gary, Patsy, nativo de Dungiven, había administrado con éxito las tiendas de antigüedades en Carlisle Road de Derry –'Bygones' y 'The Rocking Horse' – desde la década de 1980. Mientras ayudaba a su padre cuando era niño, Gary también descubrió su amor por las antigüedades.

“Comencé a coleccionar objetos cuando era más joven y mi colección fue creciendo cada vez más”, explicó Gary.

Tras la muerte de su padre en 2002, Gary decidió continuar dirigiendo el negocio familiar, que vende todo tipo de antigüedades, incluidas joyas y muebles.

Justo antes de que el Covid obligara a muchos negocios a cerrar sus puertas durante meses, surgió la idea de crear un museo en la tienda.

“Nos mudamos a nuestra tienda aquí en Shipquay Street solo tres días antes del cierre, pero luego tuvimos que cerrar”, dijo.

“Durante ese tiempo comencé a construir el museo en la planta baja, pero a medida que la colección crecía tuvimos que trasladarlo al piso superior. No quería desprenderme de nada. Prefiero que la gente lo vea todo antes que tenerlo guardado en cajas en el piso de abajo”.

Los visitantes del museo pueden participar en una audioguía informativa que revela datos interesantes y la historia de muchos de los objetos expuestos.

El museo está dividido en cinco secciones.

Una sección contiene artículos fabricados por antiguos prisioneros de Long Kesh y Portlaoise. Entre los muchos objetos expuestos se encuentra un pañuelo firmado por ex prisioneros, incluido Martin McGuinness.

Otros objetos únicos incluyen un libro de reglas de la prisión y un tintero que contiene un agujero hecho por una bala disparada durante una operación de fuga.

Otra sección presenta artículos de organizaciones como la RUC, la UDR y An Garda Síochána.

Entre los numerosos objetos expuestos se encuentran uniformes de la RUC y material antidisturbios, así como balas de goma y pistolas, así como un silbato perteneciente a un agente de policía tiroteado mortalmente por el IRA en 1994.

El museo también cuenta con una gran colección de objetos locales de Derry, incluidos fragmentos del primer coche bomba que explotó en la ciudad.

Los artículos relacionados con la marcha por los derechos civiles de 1968 y los huelguistas de hambre de 1981 son características destacadas del museo.

Otros artículos incluyen una colección de recuerdos lealistas que incluyen balas, armas, medallas y una tarjeta de cumpleaños enviada por el paramilitar lealista y activista comunitario Gusty Spence a su sobrino.

Las historias detrás de muchos de los artículos se explican durante el recorrido de audio, incluido el origen de un miembro de la RAF, que sufrió quemaduras graves en combate y se vio obligado a usar una máscara de goma, que ahora se exhibe en el museo de Bedlam.

Al final del recorrido habrá la oportunidad de tomarse fotografías con uniformes y armas.

El recorrido cuesta £6 por persona o £10 para dos personas.

El Museo Bedlam está abierto de lunes a sábado de 10 a 17 horas.