La declaración de Andy Burnham, jefe de la administración británica de ocupación, en Belfast esta semana [por la pasada semana], de que un referéndum sobre la unidad irlandesa está descartado, pone de manifiesto la contradicción fundamental que subyace a la estrategia reformista para la liberación nacional.
Durante casi tres décadas, se ha engañado a la clase trabajadora irlandesa. Se les ha dicho que gestionar el dominio británico, en lugar de desafiarlo directamente, les proporcionaría una vía para acabar con él. El cambio demográfico propiciaría, en última instancia, un referéndum sobre la frontera y una reforma constitucional. Sin embargo, la contradicción central reside en que Gran Bretaña conserva la autoridad absoluta para decidir si se celebra dicho referéndum y cuándo.
Según la normativa vigente, esa decisión recae en el llamado «Secretario de Estado» británico para los Seis Condados ocupados.
Esto se presenta habitualmente como un mecanismo constitucional neutral, cuando no lo es en absoluto. Gran Bretaña nunca ha sido un mediador imparcial en los asuntos de Irlanda ni de su pueblo. Es una potencia imperialista con sus propios intereses políticos, económicos y estratégicos, y no existe ningún indicio de que pretenda retirarse de Irlanda. Gran Bretaña no puede situarse por encima de la cuestión nacional como árbitro imparcial cuando ella misma es un actor principal en ella. Esto pone de manifiesto el límite fundamental del camino reformista.
Al pueblo irlandés se le dice que la liberación nacional puede lograrse mediante instituciones y mecanismos constitucionales cuyos parámetros últimos siguen estando determinados por el imperialismo británico. Se espera que administren el régimen mientras esperan que Gran Bretaña decida cuándo se dan las condiciones adecuadas para que voten sobre su fin. Un diálogo sigue a otro. Un debate sigue a otro. Se presentan nuevas iniciativas constitucionales como el siguiente paso hacia la liberación nacional. Sin embargo, la relación fundamental de poder permanece intacta.
La autodeterminación nacional irlandesa sigue supeditada al consentimiento británico. Por lo tanto, el reformismo sustituye la resolución de esta contradicción por la gestión de la misma.
Como republicanos socialistas, rechazamos la idea de que administrar las instituciones de la partición sea lo mismo que desmantelar la partición misma.
Rechazamos igualmente la idea de que el pueblo irlandés deba permanecer como espectador pasivo de su propia liberación, esperando que una demografía favorable o el permiso del imperialismo británico determinen su futuro. Tampoco aceptaremos los intentos de Andy Burnham u otros de contraponer la cuestión nacional a las luchas materiales de la clase trabajadora. Vivienda, salarios, servicios públicos y costo de vida no son alternativas a la liberación nacional. La lucha contra la explotación y la lucha por la soberanía nacional son inseparables, y la clase trabajadora necesita la liberación nacional para emprender el desarrollo de la liberación económica y la igualdad.
El objetivo de la República Socialista, por lo tanto, no es el cambio constitucional por sí mismo. Tampoco se trata simplemente de reemplazar la partición con un estado capitalista de treinta y dos condados. Aspiramos a una República Socialista en la que la soberanía nacional, el poder político y el poder económico residan en el pueblo trabajador.
No se espera que el pueblo irlandés espere indefinidamente la decisión del imperialismo británico. Un estado que mantiene su reclamo sobre parte de Irlanda no puede presentarse simultáneamente como el árbitro neutral que decide cuándo el pueblo irlandés puede ejercer su derecho a la autodeterminación nacional. Gran Bretaña no es un mediador imparcial. Es cómplice de la contradicción misma. La verdadera liberación nacional debe ser, en última instancia, un acto consciente del propio pueblo irlandés.
Se requiere el desarrollo del pueblo como una fuerza revolucionaria organizada y políticamente consciente, con la clase obrera en su centro, capaz de determinar su propio futuro nacional por cualquier medio necesario, en lugar de esperar a que ese futuro sea determinado por el imperialismo británico.
Si Gran Bretaña puede declarar que un referéndum sobre la Unidad está descartado, entonces las limitaciones del nacionalismo constitucional quedan al descubierto. Las estrategias constitucionales de Sinn Féin, People Before Profit y el SDLP siguen confinadas a parámetros determinados en última instancia por el Estado británico, y es hora de que estos oportunistas y sus seguidores reconozcan este hecho.
La cuestión nacional no puede ser ignorada ni nuestro derecho a la liberación nacional debe posponerse hasta que Gran Bretaña decida que es el momento oportuno.
El pueblo irlandés debe convertirse en la fuerza consciente que determine su propio futuro.
El único objetivo es la República Socialista.
Saor Éire Anois - An Phoblacht Abú
Colombia 🪶 Grave Crisis, Mild Proposals
Hace 15 horas


No hay comentarios:
Publicar un comentario