Los tres activistas regresaban a los Seis Condados tras comprar combustible cuando su vehículo fue objeto de una interrupción violenta, peligrosa y agresiva. Dos vehículos del PSNI embistieron temerariamente el coche de los activistas en un tramo de carretera ya de por sí peligroso; acto seguido, agentes encapuchados y fuertemente armados rodearon el vehículo, rompieron sus ventanillas y sacaron a la fuerza a sus ocupantes.
No se trató de una actuación policial rutinaria. Fue una operación agresiva, desproporcionada y profundamente intimidatoria, ejecutada por personal cuyas identidades y acciones permanecen ocultas tras máscaras y una alarmante falta de rendición de cuentas ante la opinión pública.
Este incidente no puede, ni debe, considerarse un hecho aislado. Forma parte de una tendencia creciente de acoso, intimidación y persecución política dirigida contra el IRSP y sus miembros. Tenemos claro lo que esto representa: una campaña con motivación política contra activistas republicanos, llevada a cabo no solo por el PSNI, sino por sus unidades enmascaradas —que no rinden cuentas ante nadie—, las cuales operan mostrando un aparente desprecio por los derechos y la dignidad de las personas a las que tienen como objetivo.
Por si la violenta interceptación no fuera suficiente, los tres activistas fueron detenidos sin justificación aparente y permanecieron bajo custodia durante toda la noche. Cabe preguntarse cuál fue, exactamente, el supuesto delito cometido: ¿ser republicanos?, ¿comprar combustible?, ¿cruzar la frontera impuesta por los británicos?, ¿o simplemente ser miembros de una organización que se niega a dejarse intimidar hasta el punto de guardar silencio político?
El contraste entre el discurso público del PSNI y sus prioridades operativas resulta llamativo.
Se nos dice constantemente que la organización carece de fondos y de personal suficiente. Nuestras comunidades están expuestas de forma continua a relatos sobre individuos enmascarados y armados que suponen una amenaza para la seguridad pública. Sin embargo, cuando se trata de vigilar, controlar e intimidar a activistas republicanos, los recursos parecen estar siempre disponibles.
Drones, equipos de vigilancia, personal encubierto y grupos de agentes enmascarados fuertemente armados pueden desplegarse, al parecer, sin ninguna dificultad. No parece haber escasez de recursos cuando el objetivo es vigilar desplazamientos inofensivos, realizar interceptaciones vehiculares agresivas o someter a personas a detención, reclusión e interrogatorios. Esto plantea serias dudas sobre las prioridades, la rendición de cuentas y la orientación política de una organización que sigue operando bajo la apariencia de una fuerza policial reformada, mientras mantiene prácticas que son plenamente coherentes con una organización no reformada.
También nos preocupa profundamente el intento del PSNI de utilizar a ciertos medios de comunicación para justificar y legitimar sus acciones, presentando esta operación como parte de una investigación sobre la llamada «criminalidad». Se trata de una táctica conocida: difundir una narrativa cuidadosamente elaborada, etiquetarla con el término —amplio y deliberadamente ambiguo— de «criminalidad», y permitir que dicha narrativa moldee la percepción pública antes incluso de que se hayan examinado a fondo las circunstancias reales.
El IRSP no aceptará la normalización de este tipo de comportamiento, ni permitiremos que el acoso por motivos políticos se disfrace de actuación policial legítima. El uso de personal encapuchado, un despliegue desproporcionado de fuerza armada y tácticas agresivas contra activistas republicanos debe ser cuestionado de manera abierta e inequívoca.
Por ello, instamos a quienes, dentro de nuestras comunidades, respaldan, defienden o justifican las acciones del PSNI a que demuestren coherencia y condenen este incidente sin reservas. El silencio ante tal intimidación solo sirve para legitimarla.
Expresamos nuestra plena solidaridad con los tres activistas que fueron objetivo de esta operación, así como con sus familias, quienes han tenido que soportar la ansiedad y la angustia provocadas por estos hechos.
Asimismo, queremos dejar constancia de nuestro sincero agradecimiento a los miembros de la comunidad que anoche salieron a manifestar su apoyo y solidaridad mientras los activistas eran sometidos a este acoso. Valoramos profundamente esa muestra de solidaridad y la tendremos presente.
El IRSP no se dejará intimidar, criminalizar ni silenciar por defender sus ideales republicanos socialistas.















