lunes, 14 de febrero de 2011

Octava parte del texto de Daithí Mac an Mháistir -éirígí-

Octava parte del texto de Daithí Mac an Mháistir -éirígí-

Organizando la Resistencia

Resulta claro que las elites políticas y económicas en Irlanda han declarado la guerra a la clase trabajadora. Esto es lo que siempre ocurre en tiempos de pronunciada crisis económica –la lucha de clases entra en auge. Las fuerzas concentradas del capitalismo organizado deben ser enfrentadas con una resistencia determinada y organizada. Los trabajadores y las comunidades en Irlanda han llevado la delantera en su rechazo a doblegarse a la marcha del capitalismo. Desde ocupaciones de lugares de trabajo, a huelgas; desde luchas en comunidades locales en contra de los recortes de los servicios, a la resistencia a las multinacionales petroleras; en las calles y en los puestos de trabajo la lucha sigue. Es gracias a estas luchas de base que los basamentos de la nueva sociedad socialista se están creando. La organización de la resistencia es esencial, ya que las contradicciones inherentes al sistema capitalista, las cuales han sido expuestas de manera cruel durante el curso de la actual crisis, no traerán por sí solas el colapso del capitalismo.

La historia ha demostrado que el vivir en la miseria no es suficiente para condenar al sistema capitalista de explotación laboral y social al contenedor de la basura de la historia. A través de la historia, la inmensa mayoría de la humanidad ha vivido bajo condiciones de pobreza y explotación. Como observó V.I. Lenin:

“La opresión por sí sola, sin importar cuán grande sea esta, no siempre lleva al surgimiento de una situación revolucionaria en un país dado. En la mayoría de los casos no es suficiente para la revolución que las clases bajas no quieran vivir como siempre lo han hecho”.

El Estado bajo el capitalismo es una entidad formidable. El establecimiento político del Estado moderno, que aparece como un comité para la administración de los asuntos comunes de la clase dominante, no asume de manera mansa su responsabilidad en la defensa de los intereses del Capital. El Estado capitalista tiene muchas y diversas maneras a su disposición para asistirle en esta tarea. En la medida de lo posible, el “consentimiento” del pueblo en aceptar un sistema social contrario a sus intereses es manufacturado mediante la promoción de una ideología que equipara los valores y la moral del capitalismo con el “sentido común” y la noción de que el capitalismo, entonces, refleja el orden “natural”. En ausencia de este “consentimiento”, cualquier amenaza significativa al dominio del sistema capitalista se enfrentará a la fuerza y la represión del Estado.

La constitución de una alternativa socialista no será una tarea sencilla. Requerirá, como lo señalaba Lenin, “que las clases dominantes sean incapaces de gobernar como antes”. Esto requerirá de la construcción de una amplia resistencia organizada dedicada a derrocar al sistema capitalista. Cambios económicos, sociales y políticos fundamentales solamente se conseguirán mediante la movilización organizada de masas, de los trabajadores y de las comunidades en lucha.

Es a través de estas luchas que el sistema capitalista será extirpado y las bases de la futura organización social serán construidas: una sociedad basada en la cooperación y en una genuina democracia participativa.

Para ver las partes anteriores:

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