miércoles, 24 de junio de 2020

La revolución si es posible en los países imperialistas: Bogside lo demostró - Desde V.O.

Desde La Victoria de los oprimidos y explotados nos  presentan este artículo donde dan su opinión de la Batalla del Bogside, desde su punto de vista marxista-leninista-maoista. Agradecemos desde aquí a León José (lector habitual del blog) el envío del enlace. 

La Victoria de los oprimidos y explotados.- Nota V.O. : A menudo se habla que la guerra popular y la revolución es propio de países del Tercer Mundo, de guerrilleros escondidos en selvas, bosques y el campo y no propio de países imperialistas. Que en los países civilizados y cultos del “Primer Mundo” la guerra popular no es factible.

A continuación, publicamos un fragmento de los 5 documentos en defensa de la guerra popular del MAGPP referente a la lucha en Irlanda del Norte a finales de los años 60, ejemplo de la posibilidad de la revolución en los países imperialistas.

El 12 de agosto de 1969, no era la primera lucha que libraba el Bogside desde 1968, pero aquel día:

«El 12 de agosto es el día del Desfile de los Aprendices de Londonderry, y se celebra para conmemorar la defensa de la ciudad sitiada, por los aprendices de 1689… Recordando cómo había actuado la Policía en cada una de las manifestaciones públicas de los últimos doce meses en Derry, los habitantes de Bogside decidieron, por su propia seguridad, ignorar el desfile, preocuparse de sus asuntos y permanecer en la zona católica, fuera de los muros de la ciudad, con la cabeza gacha hasta que todo hubiera pasado. Pero, si los veinte mil manifestantes [protestantes] venían a atacarles, después del jolgorio y libaciones, defenderían sus hogares. La actitud pacífica de los moradores de Bogside fue correspondida con provocaciones.

Desde las murallas que dominaban la zona católica, los manifestantes y sus amigos gritaban insultos y decían que mantendrían a los católicos encerrados en sus conejeras. «Todos los fenianos deberían ser encerrados», chillaban. Finalmente, los intentos de hacer salir a los católicos tuvieron cierto éxito, y hubo algunas escaramuzas entre manifestantes y gentes de Bogside. En vez de separar a los que peleaban y mandarlos cada uno por su lado, la Policía decidió que convenía una carga a base de porrazos, y se dirigió a Bogside. Rápidamente, se alzaron las barricadas, pero, esta vez, la Policía pensó que no debía tolerar la resistencia de Bogside a ser destruido…

Y así empezó la batalla de Bogside. Eran, aproximadamente, las cuatro de la tarde del 12 de agosto. La batalla siguió, de día y de noche, durante cincuenta horas, y, cuando terminó, fue la Policía quien hubo de retirarse. El distrito de Bogside seguía imbatido…

…(Los “bogsiders”) se habían dado cuenta del daño que les habían estado haciendo durante medio siglo y estaban aprendiendo a defenderse. Construimos barricadas con cascotes, trozos de cañería y adoquines… para evitar que la Policía entrara en la zona y, según sus propias palabras, «destruyera Bogside de una vez para siempre». Durante la primera media hora, ocho furgonetas de la Policía quedaron atrapadas en nuestras barricadas, y si hubiésemos tenido manera de destruirlos, habríamos incendiado aquellos vehículos.

En ese momento, empezó la confección de «cócteles Molotov». Estas bombas de gasolina las hacían literalmente, las mujeres embarazadas y los niños. Niños de siete y ocho años, que no podían luchar, fabricaban las bombas, y lo hacían muy bien. Los niños de nueve y diez años las llevaban en cestas a las líneas de combate. Las niñas recogían piedras y construían barricadas, y las chicas, los chicos y los hombres luchaban en primera línea contra la Policía. La Policía replicaba a nuestras piedras y bombas de gasolina con sus propias piedras y con una cantidad cada vez mayor de gases lacrimógenos. La atmósfera estaba saturada y no teníamos máscaras antigás… Las sustituimos con mantas mojadas, algodón empapado en vinagre y pañuelos humedecidos con bicarbonato sódico, y luchamos toda la noche y todo el día siguiente y la noche siguiente, y el tercer día, y demostramos a la Policía que nada de lo que hicieran podía vencernos.

Derry se encontró súbitamente convertido en el centro de la Europa revolucionaria trazando una pauta que los revolucionarios de todo el mundo no olvidarán jamás… Se inició la moda de levantar barricadas entre los revoltosos y las fuerzas de la ley, y arrojarles «cócteles Molotov» desde el otro lado. Hubo una afluencia de periodistas revolucionarios extranjeros en busca de ilustración sobre la Teoría de la Lucha con Bombas de Gasolina. La gente de Bogside pensó que era fantástico, no sabían deletrear la palabra revolución, ni se habían preocupado de aprender, pero les encantaba pensar que venía gente de la Sorbona a preguntar a los parados de Bogside dónde habían aprendido a combatir tan bien.

En cincuenta horas, hicimos doblar la rodilla al Gobierno y devolvimos a un pueblo pisoteado su orgullo y la fuerza de sus convicciones…» (Bernadette Devlin)

El fuego corrió por la pólvora sin ningún plan o decisión tomada. Después de que en 1968 la lucha por los derechos civiles hubiese incendiado al país y habiendo quedado atrapados entre las provocaciones de los grupos fascistas protestantes y la decisión de la policía de destruir “Bogside de una vez para siempre”, reventó, como un volcán, el odio acumulado durante “medio siglo” y las masas, sobre la marcha, fueron resolviendo los sucesivos problemas que se encontraron en el curso de la lucha.

Esa resistencia del Bogside desencadenó un movimiento en muchos barrios católicos de Irlanda del Norte para hacerse con el poder:

«El Ejército expedicionario británico se encontraba en las áreas católicas en la misma situación que los americanos en Vietnam: en un territorio hostil donde toda la población se podía considerar enemiga. De hecho, entrar en ellas exigía una auténtica operación militar, costosa y arriesgada, y pronto fueron conocidas por el nombre de “no go areas” (“zonas de no ir”, zonas prohibidas). Las pintadas que se podían ver en sus paredes de “IRA rules” (El IRA manda) expresaban una realidad. Los comités de vecinos, dirigidos por los republicanos, se habían constituido en la única autoridad reconocida; ellos se encargaban desde la limpieza de las calles hasta del mantenimiento del orden público y la administración de justicia. Se formaron tribunales populares que juzgaban no sólo los delitos políticos —colaboracionistas, soplones, espías, etc.—, sino también los comunes; y a falta de cárceles, pues a nadie se le ocurría entregar a los criminales a la justicia oficial, surgieron nuevas formas de penalidad, como había sucedido anteriormente en Argelia…

Durante meses, durante años, el poder popular se mantuvo en las áreas católicas. En cada barrio aparecieron periódicos locales, funcionaron “emisoras libres” de radio, se organizaron cooperativas de consumidores que compraban directamente los productos a cooperativas de productores en el campo, se crearon centros sociales y guarderías infantiles, los comités locales tomaron a su cargo la reparación de las obras públicas y la reconstrucción de las casas destruidas en la lucha, así como la atención de las víctimas, de los damnificados, de los refugiados, incluso se montaron pequeñas industrias en régimen de autogestión, en un movimiento claramente anti-capitalista…  dejaron de pagarse los alquileres de viviendas, los recibos del agua y el gas, los impuestos… el “no go” regía no solamente para la Policía, sino también para los cobradores, los inspectores de Hacienda y todos los representantes de la burocracia estatal, con la excepción de los carteros y los pagadores del seguro de desempleo.

La independencia política de las “no go areas” iba acompañada de una independencia militar, ya que el Ejército inglés no se atrevía a ocuparlas…» (Luis Reyes y María Luisa Sánchez. IRA, 60 años de guerrillas)
En 1969 Europa tenía unos “negros” irlandeses que demostraron que también en las entrañas del imperialismo podía construirse el nuevo poder en el curso de una guerra popular.

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