lunes, 7 de octubre de 2013

Memoria de resistencia en las paredes Derry

Desde el diario Gara informan; Ya han pasado más de treinta años de la huelga de hambre que llevó a la muerte a diez militantes republicanos irlandeses encarcelados en la prisión de Long Kesh y más de cuarenta desde la matanza del Domingo Sangriento en Derry, pero la memoria de aquellos hechos sigue viva y sus protagonistas son recordados a todo lo largo y ancho del Bogside, el barrio católico de Derry. Un recorrido por estas calles constituye toda una lección de historia, de resistencia y de dignidad.
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Gotzon ARANBURU | DERRY

No superará los treinta metros cuadrados de superficie y es de construcción extremadamente simple, pero el muro con la leyenda «You are now entering Free Derry» es un símbolo casi sagrado para los republicanos del norte de Irlanda. Desde que lo pintara en enero de 1969 el activista John Caker Casey, ha conocido múltiples versiones: en blanco y negro, en rojo sobre blanco, a todo color... pero el lema no ha cambiado nunca. Ni en los años más duros de la represión británica en el barrio católico de Derry, cuando el Ejército penetraba una y otra vez a realizar sus razzias contra militantes y civiles, osaron los soldados o el RUC (Royal Ulster Constabulary) borrar la mítica pintada. Y aquí sigue, proclamando que hemos entrado en territorio republicano. A sus pies, dos placas conmemorativas: una dedicada a su autor, Casey, y otra en memoria de Barney McFadden, «un coloso de la lucha, un defensor del muro Free Derry». Son los dos primeros nombres de una larga lista a la que se honra en las calles del Bogside.

No habían pasado tres años desde la pintada en el muro cuando se registró aquí mismo una matanza de civiles que mostró al mundo la realidad del conflicto del norte de Irlanda. Hasta entonces, los enfrentamientos entre nacionalistas y unionistas, o entre los primeros y la Policía, aunque conocidos, eran considerados mayoritariamente como un conflicto interno entre comunidades de distinto credo religioso y sentimiento nacional, pero aquel 30 de enero de 1972 la brutal actuación del Ejército británico dejó claro ante el mundo que lo que se vivía en el norte de Irlanda era un caso claro de ocupación armada, prácticamente colonial. Por cierto, lo que sí han desaparecido del Bogside son las dos gigantescas torres de vigilancia del Ejército desde las que se observaba, grababa y fotografiaba cada centímetro cuadrado del barrio y los movimientos de sus habitantes.

Asfixiante opresión

La comunidad católica sufría en los años 70 del pasado siglo una opresión asfixiante en Belfast, Derry y las demás ciudades y pueblos de los seis condados norirlandeses. El IRA (Irish Republican Army) trataba de responder a la ocupación británica y a los ataques sectarios de los protestantes unionistas, secundados por la Policía, pero su fuerza era poca y tampoco los movimientos civiles eran poderosos. Sin embargo, poco a poco fueron adquiriendo intensidad las movilizaciones en favor de los derechos civiles y en contra del internment (internamiento sin juicio de los sospechosos de pertenecer al movimiento republicano).

El Ejército británico había desembarcado en el norte de Irlanda en agosto de 1969, precisamente tras unos duros enfrentamientos en esta área católica de Derry. El Gobierno de Londres puso como excusa para enviar a los uniformados que lo hacía «para interponerse entre las comunidades enfrentadas», pero hizo falta muy poco tiempo para ver que que tomaba parte al cien por cien en favor de los unionistas.

El citado 30 de enero de 1972 una manifestación de 15.000 personas, convocada por la NICRA (North Ireland Civil Rights Association), recorría el Bogside cuando fue atacada brutalmente por una sección del Primer Batallón de Paracaidistas del Ejército británico que vigilaba la marcha. Los militares habían utilizado previamente material antidisturbios al recibir algunas pedradas de un grupo de manifestantes, pero de pronto pasaron a disparar fuego real. La multitud se desparramó despavorida, pero los soldados continuaron disparando sus fusiles sin cesar y sin distinguir a niños de adultos. En pocos minutos, los alrededores del muro Free Derry quedaron cubiertos de muertos y heridos: los fallecidos fueron catorce y los heridos más de treinta.

Los hechos, el conocido como Bloody Sunday, que provocaron el estupor internacional y la cólera de todos los republicanos irlandeses, fueron investigados sin mucho entusiasmo por el Gobierno británico. Al principio, Londres afirmó que los paracaidistas se defendieron de los disparos recibidos, lo que se demostró rotundamente falso. Más recientemente, en 2010, el primer ministro, David Cameron, ha tenido que acabar reconociendo que «algunos miembros de las Fuerzas Armadas actuaron mal».

Los residentes del Bogside no tuvieron nunca dudas, ni las tienen ahora. Gigantescos murales en las fachadas de las casas muestran el rostro y el nombre de los catorce muertos el Domingo Sangriento. Desde lo alto de la muralla que cruza la ciudad ya se perciben las caras de las víctimas, pero es al acercarse a sus pies cuando se comprueba la juventud de muchos de los fallecidos. Hugh Gilmore, Kevin McElhinney, Michael Kelly, John Pius Young y Gerald Donaghy solo tenían 17 años cuando perdieron la vida. Otros fallecidos contaban con 19, 20, 22... años y el mayor de todos, John Johnston , tenía 59. Era el único que no había asistido a la marcha. Solo pasaba por allí.

Huelguistas de Long Kesh

http://www.cubanxgiants.com/ireland/derry1.html
El siguiente gran conjunto de murales del barrio católico de Derry está dedicado a los militantes republicanos muertos en la huelga de hambre de 1981 en la prisión de Long Kesh. Se da la circunstancia de que muchos de estos militantes del IRA y del INLA se habían integrado en las organizaciones armadas precisamente tras la matanza del Domingo Sangriento, que algunos habían presenciado en vivo cuando eran todavía adolescentes. Hasta 1976, los presos eran considerados prisioneros de guerra, pero ese año Londres decidió despojarlos de ese estatus y tratarlos como reclusos comunes.

La respuesta no se hizo esperar. Primero, los presos se negaron a vestir el uniforme de presidiario. Luego, pasaron a la «protesta sucia», cubriendo de excrementos las celdas. Finalmente, emprendieron la huelga de hambre hasta la muerte.

El primero en morir, el 5 de mayo de 1981 y tras 66 días de ayuno total, fue Bobby Sands, responsable máximo de los presos del IRA Provisional en la prisión. Luego murió Francis Hughes, tras 59 días de huelga de hambre. El rosario de muertes se prolongó hasta el 20 de agosto de aquel año, cuando falleció Michael Devine, de Derry, tras 60 días de ayuno. De los diez prisioneros muertos, 7 eran miembros del IRA y 3 pertenecían al INLA.

El recuerdo de los presos muertos en la siniestra prisión de Long Kesh está simbolizado en una gran escultura de piedra en forma de H, en referencia a Bloque H, la sección de la cárcel en que se desarrolló la protesta. En la escultura, enclavada enfrente del mural You Are Entering Free Derry, está grabado a cincel el nombre, edad, fecha de nacimiento y fallecimiento, y nombre de la organización a la que pertenecían todos y cada uno de los presos. Y al final, en cursiva, la frase «No vestiré uniforme de presidiario». Siempre hay flores y una vela encendida ante el monumento.

La memoria de la huelga de hambre también se refleja en los muros de las casas, que muestran los rostros de los fallecidos acompañados de leyendas y símbolos irlandeses. También cruces y leyendas en gaélico. Los retratos de otras víctimas del Ejército británico y de la Policía del norte de Irlanda se encuentran prácticamente en cada esquina. Varios paneles, protegidos de la lluvia, simbolizan las torturas infligidas a los detenidos republicanos. No faltan pintadas del IRA, ni de apoyo al actual proceso de paz, o de rechazo al mismo. Ni un mural del «Guernica» de Picasso ni otro en apoyo al pueblo palestino. Un joven arregla su coche ante una pintada que representa al Che, cuya madre era irlandesa. En otro se exige la retirada definitiva de las fuerzas británicas.

Pasear por el Bogside no es turismo, sino una verdadera lección de historia pasada y de la que se está escribiendo ahora mismo.

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